sábado, 18 de octubre de 2014

"Una patada en el corazón a mi generación". Dipaola escribe sobre Electrónica:

Hace algún tiempo recorro una pregunta necesaria: ¿qué nos pasó en los noventa? Carece de respuesta porque nos sigue pasando. Me refiero a las marcas y cicatrices de una generación, los que ahora estamos más cerca de los 40 que de antes, es decir, cuando éramos pendejos y los noventa eran una mierda pero no nos importaba porque estábamos drogados. Llegué tardíamente a leer a Puig, digo más tarde que a otros de la literatura argentina, ponele que tendría 20 cuando leí “El beso de la mujer araña” y desde ahí no paré. A todo el mundo le decía que era el mejor escritor de la historia de la literatura argentina. ¿Mejor que Arlt? me preguntaban. Mucho mejor. Siempre tuve con la literatura y con el cine una tendencia a la exageración, cada novela que leía y me gustaba era la mejor, cada película que me gustaba era la mejor de todas. Me voy a permitir revivir esa tendencia ahora que estoy más viejo y exquisito y aprendí a tomar buen vino. “Electrónica”, la novela de Enzo Maqueira, es la mejor de todas las que se escribieron en los años kirchneristas, digo de estos años en que todos nos hicimos kirchneristas, algunos más y otros menos, pero todos un poco. Porque antes era el menemismo, pero llegó Néstor y después Cristina y fue todo un montaje electrónico de redención, quitarnos la mufa, volver a creer y enamorarse. Todos los que fuimos adolescentes en los noventa, nos enamoramos en la década ganada, entonces, algo ganamos y ahora nos sentamos más calmos y con menos drogas —“porque en algún momento las drogas te sueltan la mano y ya no te pegan” (dice por ahí la novela)— a mirar en un flashback todo aquello y sí, es un flash.
Enzo Maqueira lo relata de gran forma, con un narrador en segunda persona que introduce un vértigo a la lectura que nos deja exhaustos y como si estuviéramos otra vez en presencia de esas vivencias, de esa experiencia que se nos pegó y ahora nos retorna otro(s). Estamos grandes. Un poco de eso también hay en la novela, enseñarnos que debemos admitir que crecimos. Sobre todo es bueno notar que en Maqueira no hay prejuicios con los artificios de la literatura que nos conmovió cuando éramos más chicos. Por supuesto que ahora queda bien decir que Cortázar no, que eso no va, pero todos tuvimos 15 o 16 años y queríamos encontrarnos con la Maga, así que no jodamos y no nos pongamos caretas. Enzo no te cuenta nada en su novela como Cortázar, pero se nota en su escritura que no está presente el temor a que todo ello de golpe aparezca. Y eso nos da otra vida en la lectura, porque ahí también estamos nosotros.
Hace poco Enzo me invitó a su casa y con amigos tomamos vino y esas cosas y yo le conté un chiste que alguna vez inventé y que es algo así: “están Baudelaire y Rimbaud fumando porro y Rimbaud dice: ‘esto no tira una mierda’, a lo que responde Baudelaire ‘puta, que Mallarmé’”. A él le gustó mucho y al otro día me envió unos cuantos chistes con nombres de escritores que me encantaron. La amistad en esta generación es un poco de eso: flashearla. Leer “Electrónica” para mí fue un flash, un recorrido vertiginoso por toda una época, la reapertura de una vitalidad de la experiencia ahora que estamos más grandes y las drogas ya nos soltaron la mano. Cuando terminé la lectura de la novela viajaba en el colectivo 12, tengo todavía guardado el mensaje que envié a mi mujer: “Leo la novela de Enzo y lloro. Es una patada en el corazón a mi generación”.

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