jueves, 3 de mayo de 2012

Diario de viaje/ La Paz (último día)

Esto nunca fue un diario. Los motivos saltan a la vista: no escribí todos los días, ni conté lo que hacía cada vez; ni siquiera ejercité ese modo tan típico del diario de viaje, una mezcla de observación con extrañamiento. Acá hubo más emoción que análisis. Es probable que sea la respuesta natural a un pueblo como el boliviano, que nos recibió otra vez con las cholas, con las montañas de fondo, con el olor a comida frita. No habían pasado dos horas desde que volvimos a La Paz y ya estábamos en la calle, abajo de un sol que los paceños insisten en taparse de la cara (con las manos, con un diario, con un sombrero que llevan siempre por la sombra); mirando cómo venían bailando cincuenta chicos y cincuenta chicas, dando pasos y con los músicos atrás, supongo que para festejar un casamiento o algo así. ¿Cómo escribir un diario en un viaje donde todo es color, música, la voz débil y pausada, paisajes salidos de ese sueño cortísimo donde uno siente que se va a caer?
De todas las definiciones de "literatura", la única que siempre recuerdo es la que leí de Bioy Casares: "un intento de pensar con precisión". En algunos lugares no hace falta pensar.
Gracias a Dios.


1 comentario:

Anónimo dijo...

¡El final del Diario de Viaje me encantó!
Las últimas estrofas son de un poeta (con el perdón de Gonzalo).
Todo existe.