martes, 17 de abril de 2012

Diario de viaje/ La Paz (días 2 y 3)

"Evo/ decías/ que todo cambiaría/ mentira/ mentira/ la misma porquería". Lo canta un grupo de médicos que bajan por el puente de las Américas, que comunica Miraflores con San Pedro. En La Paz, hasta lo que se canta en las manifestaciones es una buena canción. Los taxis, buses, combis, trufis (taxis con recorrido fijo) y autos particulares que esperan que la marcha termine de cruzar el puente, no tocan bocina. Es una excepción, porque en otras zonas todo es bocinazos, policías tratando de controlar el desbande de peatones ("por las aceras, por favor"), el voceo de las cholas que, desde arriba de las combis, cantan las paradas para una población que conserva un alto porcentaje de población que no lee el idioma español. Las cholas -las mujeres aymara- están presentes en todo la paz. Venden verdura, pero también pañuelos de papel, golosinas, películas truchas y hasta dispositivos usb o juegos para la WII. Son las que cobran el pasaje en bus, que cuesta entre uno y dos bolivianos, y también las que se suben a esos mismos buses con sus aguayos, sus hijos y las trenzas de pelo negro. También son las que atienden los puestos del mercado de las brujas, una calle donde cuelgan fetos secos de llama, sapos deshidratados, bolsas llenas de hojas de coca y remedios para la virilidad, para el dolor de cabeza, para el apunamiento y para atraer el amor o la buena suerte. También venden San Pedro, un cactus alucinógeno que acá se exhibe como si fuera una más de las verduras de los otros puestos, pero que puede ser un viaje a una dimensión que los aymará comparten con el turista, por diez bolivianos la porción, señor, en tecito se lo toma pues. Hay una parte de La Paz que es todo un mercado a cielo abierto. En una calle, mantas, guantes, sombreros y remeras con el Llamasutra. En otra, champú, cremas de afeitar y esas cosas que se usan en el baño. Hay una calle que serpentea con puestos de verduras, y otra donde hasta se consigue charque, la carne seca que los aymara usan para sus travesías en la montaña.
Pero La Paz también tiene su Calacoto, un barrio de la exclusiva zona sur donde hay casas atrás de paredones, joyerías y concesionarias de autos importados. Lo único que diferencia a ese barrio de clase alta de San Isidro en Buenos Aires, San Benito en San Salvador o la parte careta de Asunción es el paisaje: al fondo, detrás de todas las casas cercadas, hay un muro de cerros, peñones, roca color arena. En el camino de regreso al centro de La Paz (ahí donde vuelven las bocinas, el grito suave de las cholas, el olor del chorizo y el pollo frito), aparece San Pedro, un barrio de calles empedradas, lleno de bares y restaurantes, con casas de dos pisos y movimiento de zona cool. Hay tipos de traje, más cholas, un edificio de la Alliance francaise y un mirador desde donde se ve una La Paz con edificios, con una brisa fresca y el cerro nevado entre las nubes. Allá abajo, cuando oscurece, en la explanada de la iglesia San Francisco hay paceños disfrazados de diablos, hay un tipo que filma, un grupo de músicos y gente del público. Corren alrededor de la plaza, tantas veces como se repite la filmación del videoclip. Son las siete de la tarde y ya hay olor a pollo frito. Los paceños van tranquilos a meterse en comedores, "snacks" y bares, a elegir entre cerdo, pollo, carne de res, trucha, salchicha o lo que sea, siempre y cuando sea frito y crocante. A la mañana hacían lo mismo, pero en los puestos de salteñas, las empanadas bolivianas que se comen entre el desayuno y el almuerzo.También se empiezan a ver algunos que caminan a punto de caerse, mareados por la cerveza, el vicio nacional de los bolivianos. Aun así, la gente es tranquila y alegre. Y nosotros, desde el hotel, vemos las luces de La Paz subidas entre los cerros.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Imagino las luces de la ciudad subidas entre los cerros...(muy lindo)

Anónimo dijo...

Tu descripción de La Paz es una maravilla. Creo que captaste la esencia. Admiro a las cholas!!!

Anónimo dijo...

Los peores turistas son los mochileros quieren todo pero no pagar o pagar poco son sucios, engañan y tienen malas costumbres.
Los mejores turistas para un país son los Estadunidenses por que gastan, respectan costumbres y no son criticones.
Cada vez que regreso a Bolivia me indigna como tratan a mis compatriotas.
Cuando me refiero a mochileros me refiero a todas las nacionalidades, y entre ellos los peores son los Israelitas que no respetan nada ni a nadie.