martes, 8 de marzo de 2011

Para qué sirve un escritor

Voy a contar las cosas rápido, nada más que para poner a todos en tema: el escritor Juan Terranova publicó una columna en la revista El Guardián donde criticaba a una militante feminista que exigía terminar con los piropos callejeros, porque los consideraba una forma de violencia sexual. Después de opinar que había reivindicaciones mucho más importantes para una feminista (por ejemplo, lograr que se sancione la ley del Aborto), Terranova terminaba con una frase que desató la polémica: "Me encantaría romperle el argumento a pijazos". La reacción fue una denuncia a una organización internacional, Hollaback, que empezó una campaña para que los anunciantes abandonaran la revista y para que Terranova fuera despedido.
El asunto fue bastante comentado en su momento y reapareció en estos días, cuando Página12 publicó una nota.
A partir de esa nota, muchos de los que conocíamos el hecho, pero no la gravedad de las presiones por parte de Hollaback, decidimos redactar una "solicitada" de apoyo a Terranova. El texto es claro: podemos estar o no de acuerdo con sus palabras, pero de ningún modo podemos permitir que una organización internacional, o la entidad que fuera, presione a un medio y a sus anunciantes por las palabras de un escritor.
Las repercusiones no tardaron en llegar: algunos firmaron la solicitada y otros nos acusaron de apoyar la violencia contra las mujeres, defender a un potencial violador o ser piropeadores callejeros, machos cabríos y pajeros crónicos. Hubo muchos imbéciles que prefirieron hacer chistes. Pero esos no valen más que un click en "eliminar".
Repito una vez más que nuestra solicitada no apoya las palabras de Terranova, sino su derecho a la libre expresión.
Ahora sí, va lo que estuve pensando sobre un tema que, por suerte, agitó a un sector de la intelectualidad argentina lo suficiente como para hacerlo merecedor de su título:

Debatir es educar

Reducir el pijazogate a una lucha de género es doblemente insultante: por un lado, insulta a quienes creemos que la violencia, la segregación y cualquier forma de discriminación es un problema de la Humanidad, y no de las eventuales víctimas. Por otro lado, no hace otra cosa que reafirmar esas diferencias que se pretende combatir. De ningún modo puedo aceptar que algunas mujeres se sientan escandalizadas o avergonzadas porque otras mujeres apoyan el repudio a que un periodista pierda su trabajo por una columna. Esa reacción repite aquello que se busca combatir: las diferencias entre hombres y mujeres. Si yo estuviera del lado de quienes consideran que las palabras de Terranova son tan graves como para que le cuesten su trabajo, entonces no me importaría si lo apoyan hombres, mujeres, travestis o niños del espacio. ¿De qué modo pretenden luchar contra la segregación de la mujer si se escandalizan porque sus pares no reaccionan "como mujeres"? ¿Existe algo así como un pensamiento único femenino, un modo de ver la realidad, una manera de plantarse ante los hechos? El primer paso para alcanzar la igualdad es borrar límites psicológicos o culturales, allí donde sólo hay diferencias físicas. Cuando junto con algunos colegas repudiamos las presiones para que Terranova pierda su columna en El Guardián, partimos de esa base que creíamos obvia, a la vez que consideramos obvio que el derecho de un trabajador no conoce de géneros, sino de clases, y que en esa lucha también estamos todos encolumnados. No podemos hacer diferencias entre hombres y mujeres, sino entre trabajadores y dueños del capital.
Hay muchas cuestiones de fondo en este debate. La primera es la reivindicación del rol de la mujer en la sociedad y el modo en que el hombre -o cierto tipo de hombre- se planta ante ella. La segunda, la necesidad de censurar o no ciertos contenidos. La tercera es, quizás, la que menos se tuvo en cuenta: seguir pensando que un pijazo en el culo es sinónimo de agresividad, violencia o violación.
Un argumento que se utilizó para objetar el apoyo que hicimos explícito en www.contraelpuritanismo.blogspot.com fue plantear una analogía a partir de la frase final de la columna de Terranova con un texto filo-nazi. La pregunta que se hacía era si nosotros hubiéramos apoyado a un escritor que dedicaba su columna a amenazar a un judío con una frase como "Te voy a hacer jabón". No existe objetividad en ningún texto, sino lecturas subjetivas. Es posible que a una militante feminista, hablarle de pijazos pueda ser ofensivo. Pero no lo es para una buena parte de la Humanidad. Son muchos los que podrían tomar esa misma frase como un halago, un deseo o una fantasía. Nadie -o casi nadie- aceptaría que ser convertido en jabón es algo que pueda resultar halagador; pero creánme que son varios los que leerían un piropo en aquello de recibir pijazos. Hablar de discriminación simbolizando la penetración como un acto agresivo, repudiable o propio de una sexualidad machista es también un reduccionismo que desemboca en más discriminación. Un gay bien podría sentirse ofendido porque su práctica sexual cotidiana es tomada por un insulto. También una mujer. O un hombre heterosexual aburrido de los encasillamientos. De todos modos, incluso "Te voy a hacer jabón" sería una frase que me gustaría leer. O "Sos un negro de mierda". O "Cheto hijo de puta, te voy a matar". Me gustaría que nadie me prohibiera leer esas frases, o que ningún escritor se sintiera incomodado antes de darle forma en una ficción o en una columna periodística. Y me gustaría que muchos otros escritores le respondieran, que argumentaran, y que fueran miles los lectores que pudieran enriquecerse leyendo por qué esas son frases de mierda, como cualquier intento de agresión, segregación o racismo. Prefiero que las frases se escriban y se debatan, porque de otro modo sólo se piensan, o se sienten, y es mucho más peligroso para todos que las frases se escondan en la mente de algunos, a que salgan a la luz y esos algunos entiendan por qué están equivocados.
Durante estos días me pregunté: ¿apoyaría a un tipo que escribe "Me encantaría hacerte jabón"? Me respondí que no. Tampoco a uno que dijera "Te voy a cagar a palos, puta". Apoyo a un "Me encantaría romperte los argumentos a pijazos" porque no me parece equiparable a ninguna de las frases anteriores. Pero aunque sí lo fuera, ¿cuál es mi derecho a silenciar a ese tipo? En estos días descubrí que no tengo ese derecho, y que en cambio -como escritor, intelectual, licenciado en Comunicación o lo que sea- tengo la obligación de permitir que las ideas se conviertan en palabras, y que esas palabras sean refutadas con otras.
Estoy de acuerdo en que hay ciertas batallas que no fueron ganadas: la segregación de la mujer es una de ellas. Es escandalosa la violencia y es triste el rol que la sociedad argentina le otorga a buena parte del género. Es igualmente triste la función de muchas mujeres visibles para la sociedad. Una vez más, es una responsabilidad de todos: hombres y mujeres debemos cuidar que otros hombres y mujeres no continúen creyendo que las segundas deben ser objetos sexuales de los primeros. En esa lucha se incluyen tópicos como la ley del aborto, el lenguaje, la vestimenta, el rol de los medios de comunicación, el derecho a la educación, la igualdad laboral, la formación "puertas adentro", la auto superación, las cuestiones morales, la religión, la Historia de la Humanidad, la filosofía y hasta la fisiología. Pero son los mismos ítems que podrían aplicarse a otras batallas que tampoco están ganadas y que ni siquiera se plantean como tales. Por ejemplo, el rol de los ancianos en nuestra sociedad. Hay muchas batallas -algunas de ellas ni siquiera comenzadas- pero es a través del debate el modo en que puede tener lugar una lucha tan compleja. Si Terranova no hubiese escrito esa columna, nada de lo que se escribió desde entonces hubiera existido. El tema hubiera pasado desapercibido, por lo menos para los que ahora opinamos sin haber militado jamás en la causa. Hoy, gracias a esa columna sabemos que "pijazo" puede ser insultante, y eso nos permite preguntarnos por la cultura del falo como instrumento de poder, por las preferencia sexuales que todavía son segregadas, por la toma de partido de acuerdo al género, por la existencia de una forma de pensar femenina y otra masculina... También aprendimos datos mucho más concretos que la mera observación: que las mujeres reciben el 10% de los ingresos del mundo y tienen el 1 por ciento de la propiedad de la tierra del planeta; que, en promedio, perciben el 50% del salario respecto de los hombres, y muchos otros datos que fueron apareciendo para informarnos a todos los que pensábamos que vivíamos en una sociedad donde no existen "hombres" y "mujeres", sino seres humanos cuyo paso por esta Tierra genera conflictos difíciles de delimitar sólo a partir de sus órganos genitales.

Un escritor no es una persona simpática

¿Para qué sirve un escritor si no es para debatir, interpelar, provocar y generar dudas? ¿Cuál es nuestro rol si se nos pretende acallar cuando decimos lo que es incorrecto o lo que no genera consenso? Vivimos en un contexto donde el entretenimiento tiene formas mucho más asombrosas para ofrecerse: imágenes 3d, consolas de videojuegos, realidades virtuales y todo lo que los japoneses sean capaces de inventar. Con nuestros párrafos de palabras en dos dimensiones, nuestro blanco y negro, nuestras hojas de papel de 100 gramos, ¿qué nos queda a los escritores sino es mojarle la oreja a la sociedad?
Ese "mojar de oreja" de Terranova generó estas palabras, como tantas otras de quienes se ubican de un lado u otro. Demostró que el conflicto de géneros no está resuelto, que los tipos que matan a una mujer no son trogloditas incapaces de darse cuenta de lo obvio, es decir, de la igualdad y el derecho a un respeto que ninguno de nosotros se atrevería a poner en duda. Las reacciones que generó el pijazo de Terranova demostraron que, para muchos, todavía hay una lucha de hombres contra mujeres, y que en esa lucha el pene es el garrote con el cual el macho pretende violar algo inmaculado como es el cuerpo de una dama. Pero la cuestión no se reduce a machos contra hembras, ni a machistas contra feministas. Esos reduccionismos deberían pertenecer sólo al terreno de cierto periodismo, de los peores guionistas de televisión o de la iglesia católica. Si hay una lucha, la combatimos juntos y es en contra de la violencia, de la agresión, de la falta de debate, del silencio y del ocultamiento. Si un escritor escribe su deseo de darle un pijazo a una feminista, bienvenido sea: que la feminista responda dentro del debate, a través de una carta, una columna o una solicitada. De ningún modo buscando presiones, pretendiendo que los anunciantes abandonen una revista que correría el riesgo de ser cerrada, buscando que el escritor sea despedido. Es en el debate donde podemos pensar en profundidad y entender qué hay más allá de las cifras, los índices de mortalidad o los culos de las revistas. Es en este intercambio de ideas donde saltan a la vista todas las aristas de los grandes temas que tienen que ser discutidos si queremos evolucionar como sociedad. No me caben dudas de que decir "capacidades diferentes" es mucho mejor que decir "mogólico". Pero no necesitamos que "mogólico" sea una palabra prohibida, sino que pierda la connotación que la vuelve despreciable. Si las palabras se aferran a lo nombrado por convención, entonces cambiemos las convenciones.
Prohibir jamás es la solución. La educación es el único camino y sólo puede ser recorrido mediante un proceso de discusión cotidiano, crónico y profundo. Prohibir, censurar o silenciar deja las cosas en la superficie. Y en la superficie nunca se encuentran los grandes cambios. En la superficie están los que nos acusaron de machistas o piropeadores, en lugar de entender que nuestro rol es el de plantear los conflictos más allá de posiciones cómodas que no dejan espacio a la reflexión.

7 comentarios:

Mariela dijo...

Enzo,
Seguí todo el día este debate. En primer lugar quiero señalar que coincido con la apertura de la discusión, pero no fue esa la intención de Terranova. Desde el principio eligió como blanco para ridiculizar y humillar a una mujer, a una feminista y a una causa que a muchas nos resulta desagradable: probablemente vos no sepas lo que es ir por la calle, que alguien te tome del brazo y te ponga precio, que te susurre al oído de forma intimidatoria lo que te haría, tal vez no sepas lo que es caminar por una calle y que dos tipos te arrinconen para manosearte, pero eso pasa todos los días. Ni siquiera tiene que ver con la belleza, si sos gorda, te van a decir gorda, lo mismo si consideran que sos fea o petisa. Terranova quiso ridiculizar este tema y fue é ell que planteó la penetración como insulto, porque después de varios párrafos en los que desestimó la carga violenta de que un extraño se tome el atrevimiento de decirte lo que piensa de vos cuando ni lo miraste, el tipo se despacha con una descripción de lo que una forma de apropiación violenta, y no porque una esté en contra del sexo anal, una disfruta y consiente la sexualidad pero no cuando se usa como un acto de sometimiento y humillación. Esto no es censurar: Terranova tuvo libertad de expresarse y lo hizo, de hecho se burló y hasta ahora lo hace (podés ver lo último que subió a su blog) Se refirió a una persona, a su práctica política y la humilló públicamente. Después de saber que esta persona se sintió ofendida siguió haciéndolo. Y quieren pasar esto como puritanismo, acá nadie está en contra del sexo, sino de que se use como insulto, como forma de humillación. Lo que resulta evidente es que Terranova pensaba que no iba a tener consecuencias, que le pegaba a alguien que no iba a poder responder. Se hizo el valiente con alguien que suponía débil. El muy progre creía que es transgresor ridiculizar la lucha del movimiento de mujeres y no porque no haya temas urgentes como aborto o trata nos vamos a olvidar que como dice Rita Segato, este tipo de violencia, la violencia simbólica es la que mantiene las formas asimétricas de poder. Se quiso aprovechar de sus privilegios, tanto de género, como de clase, como status, no? Un intelectual!
Las formas de activismo contemplan que una escriba a anunciantes, les explique porqué no deberían asociarse con determinadas publicaciones y presione. La revista podrá decidir si eso perjudica a sus ganancias y que hace con su empleado, pero a él nadie lo cuestionó como autor de cuentos, sino como periodista en una columna de opinión en la que agravió a una mujer insinuando que habría que violarla en un mensaje de disciplinamiento a todas las mujeres que nos sentimos atacadas cuando alguien se toma la atribución de tratarte como un pedazo de carne en la calle.

Amalia Gieschen dijo...

enzo puso límites!

Inti-fada dijo...

"De ningún modo puedo aceptar que algunas mujeres se sientan escandalizadas o avergonzadas porque otras mujeres apoyan el repudio a que un periodista pierda su trabajo por una columna. Esa reacción repite aquello que se busca combatir: las diferencias entre hombres y mujeres."
Algunas mujeres se escandalizan porque esperan de vos que honres el lazo de sororidad forjado, entre otras cosas, por anios de discriminacion y acoso.
Terranova no es un mero "periodista" es un escritor que la va de reventadito y que publico una editorial sobre cuestiones de politica de genero. Nadie puede objetar que Terranova escriba lo que quiera en sus novelas: es literatura. Pero si su editorial, publicada en una revista, es considerada agresiva por un grupo subordinado es logico que este haga campania en su contra. El activismo social tienen muchos recursos licitos, escraches, manifestaciones, cartas de lectores, presion a auspiciantes. Es parte del juego democratico al que Terranova apela cuando escribe en una revista que forma parte de la esfera publica.
Terranova se jodio porque la revista para la que escribe es auspiciada por empresas que tienen regulaciones internas sobre acoso --como toda empresa multinacional moderna que se precie de tal--. Ni Fiat ni Lacoste son la Madre Teresa, pero Terranova tampoco es Jean Paul Sartre. Su columna interviene en politica de genero de manera un poco violenta y ahora se tiene que comer su propio pijazo. Me parece que hay justicia poetica en esto.

Mariela dijo...

Claro que ponés límites, mi comentario no lo publicaste...Hablando de libertad de expresión

Enzo Maqueira dijo...

Mariela, no te apures en juzgar. Tu comentario no estaba publicado porque apareció como spam. Ahí lo tenés. Beso.

Salemo dijo...

Me parece que tomás la famosa frase del pijazo fuera de su real dimensión; aceptemos por un momento que haya algunas señoras, o señoritas a las que esto les resulte un halago ( una minoría , creo yo): tu error es no haber contemplado que dicha frase fue originalmente utilizada por Terranova como amenaza,implica un castigo físico para refutar su argumento. De no ser así tendríamos que suponer que Terranova quiere premiar a esta señorita con una práctica sexual que le resultaría placentera,lo que a todas vistas no era su intención.
Lo pongo más claro: no fue un ofrecimiento para alagar sino para amenazar. No le veo posibilidad alguna de excusa.

Mariela dijo...

Enzo,
primero, disculpas por el apresuramiento.

segundo, respondo a la pregunta-propuesta del título de tu post: "Para qué sirve un escritor", sirve para reflexionar, para pensar y cuestionar, no? me da un poco de pena la acción corporativista que han tenido en este caso. en ningún momento se detuvieron a pensar si Terranova pudo haberse equivocado, o si debiera reflexionar, repensar lo que pasó, a lo mejor retractarse incluso.

A lo largo de toda esta discusión, estuvieron esgrimiendo casda vez justificaciones diversas, primero sobre la falta de libertad, luego sobre errores de interpretación.

El intelectual tiene un lugar de poder, su voz suena y se replica de manera más visible. Tiene una responsabilidad ética. si en su momento Terranova no llegó a darle dimensión a sus palabras y a lo que implicaba como acto de violecia simbólica pudo, en todo este tiempo, reflexionar al respecto. Se cree progre y atenta de manera burda, machista, torpe contra un grupo de mujeres que se pronuncian contra la violencia sexista. Refrenda el sistema de dominación y se escuda en una especie de "colegio de escritores2 que defienden en forma corporativa su posición. Es triste que no aproveche esta oportunidad para hacer una autocrítica.