lunes, 25 de abril de 2011

La censura, los escritores, el debate

La discusión e por el "Pijazogate" siguió como siguen estas cosas en nuestros tiempos: twitter, facebook, mails y un punto final que nunca termina de dejar las cosas en ningún lado. En un interesante texto publicado en su muro de FB, la escritora y ensayista Elsa Drucaroff responde a mi post anterior.
Mi respuesta, vía mail:

"No creo que los escritores no deban cumplir la ley, sino que me parece correcto que planteen estas cuestiones. Y que la ficción, que es el terreno aceptado para hacerlo, no hubiera generado este lindo revuelo de intelectuales (o casi, en
mi caso), poniéndose a debatir sobre el lenguaje, el sexismo, los derechos, etc. Otra cosa que pensé es que es muy difícil decir qué debe ser censurado u objetado y qué no. Ahora, por ejemplo, atacar a la Iglesia resulta un ejercicio cotidiano y aceptado. ¿Cuál es el límite para esos ataques? ¿En qué momento los religiosos (o los curas "que son todos pedófilos") dejarían de pararse del lado de lo que sí se puede atacar y empezarían a ubicarse del lado en que la ley los ampare? Ésa es mi mayor duda, después de haberle dado vueltas al tema. Hoy, todos concordamos en que no se jode con los desaparecidos, con los negros, con los boivianos y con los paraguayos. ¿Estamos tan seguros de que son ellos y nadie más los que protege la ley? ¿Y los policías? ¿los yanquis? ¿los milicos? ¿los travestis? No estoy tan seguro de que exista una objetividad en cuanto a lo que puede ser y no puede ser llevado al terreno de un chiste (me sale la palabra "enchistado", pero la precisa sería "satirizado"). O a quiénes son minoría y quiénes no, en cada momento de la Historia, en cada rincón de la sociedad. Qué se yo. Se me hace tan difícil hacer una lista completa y justa, que insisto con permitir que todos los que tenemos acceso a la palabra y al pensamiento, tengamos la posibilidad de difundir esas ideas para que otros nos respondan dentro del mismo terreno."

Y su respuesta, por la misma vía y para dar por finalizado el debate. Sin ganadores, como debe ser, sino con la sensación de haber avanzado aunque sea un poco en la tarea de pensar los límites y los conflictos cotidianos:

"Coincido con varias cosas aunque no saco de ahí la conclusión de que por eso hay que difundir públicamente todo. Pero es cierto que en lo que dice hay un problema. Cuento una anécdota: en el 92 marché contra la ley federal de educación, en la marcha multitudinaria (200.000 personas!!) se cantó contra Menem algo que empezaba así: "llamen al gorila muslmán para que vea..." Yo me puse furiosa y como tenía cierta prédica en mi grupo del profesorado, me puse a gritar que eso era racismo y que nuestra oposición a Menem no era porque era musulmán o peronista o morocho o lo que puedas asociar con "gorila". mi grupo dejó de cantarlo, los gané, pero no pude evitar que el resto se prendiera feliz, siempre da TANTO placer agregar el insultito racista, sexista o lo que fuere, te sentís tan bien cuando a tu enemigo le podés decir que además es eso.
El insulto a los musulmanes hoy está casi tan naturalizado como el insulto a los judíos hasta fin de la segunda guerra. Y yo misma he caído en llamar con odio pedófilo a un cura no por pedófilo sino por cura. Pero si lo hacemos público, que funcione la ley de discriminación y nos castiguen. No quiero que se me permita eso. Así que si me escuchan decir cosas así, gente... ¡¡¡vayan al inadi!!! En serio...".

1 comentario:

Anónimo dijo...

Excelente los dos!Solo me resta pensar...

Mara Patagónica