lunes, 11 de octubre de 2010

Tortura china

Una gorda abierta de piernas, las tetas al aire y la raqueta china para matar mosquitos. Le ponían la raqueta en los pezones y la gorda se mordía los labios, abría la boca despacito, suspiraba desde el fondo más oscuro del cuerpo; los ojos se abrían como un capullo y amanecían fijos en la pared que hacía las veces de horizonte. Otros cuatro miraban. Yo anotaba mentalmente el invento de la raqueta con electricidad.
Hoy fui al barrio chino. Por 16 pesos, compré la solución a mi problema. La china le puso las pilas y la probó adelante mío: puso un llavero o algo así sobre el encordado y hubo una chispa y un sonido de magiclick. No pretendo darle un uso masoquista, aunque sí entreveo que todo esto encierra una especie de sadismo contra los mosquitos. Estoy lejos de intentar un drive o una volea de revés, y en cambio sostengo la raqueta como una espada samurai; erguida en mi puño, la hago atravesar el aire con una estocada. En el camino a casa, miro (la palabra correcta es "escudriño") el aire todo el tiempo en busca de una primera víctima que, por supuesto, nunca aparece.
A pesar de haber presenciado su uso erótico, no tengo valor para tocar el encordado. Quedé más impresionado con la prueba que hizo la china que con el placer que sentía la gorda. Así que llego a casa con la raqueta virgen, todavía en la mano, cortando el aire.
Después de meditarlo, dejé la raqueta junto a la cama, sobre el pilón de libros (temí que se encendiera sola, que me quemara a Carver, que el fuego se ensañara con Bradbury). Me acosté y esperé el zumbido.
Apagué la luz. Dejé un brazo desnudo, fuera de las sábanas. Esperé unos minutos. Abrí las ventanas, fingí que dormía. Fingí soñar. Ronqué para los mosquitos, di patadas de sueño, mastiqué la baba, tiré la almohada al suelo y la levanté al revés.
Fue inútil. Por más que esperé dos horas y cuarenta y tres minutos, no aparecieron mosquitos en casa. No creo faltar a la verdad ni exagerar si aseguro que fue la primera vez en los últimos 300 días. Hubiera sido feliz, sino fuera por la raqueta. Es que ahora está el brazo desnudo, el brazo y su marca rojiza que no es picazón.

2 comentarios:

Cesar Pado dijo...

esta piola

Fede Becerra dijo...

Está bueno, Enzo. Volviste a ser menos kirchnerista y más escritor. Jajaja.