miércoles, 4 de agosto de 2010

Dolor de cabeza

El tipo se despertó y pensó en que hubiera sido mejor no levantarse, porque lo que lo esperaba del otro lado del día era darse cuenta de que estaba vivo como siempre, más vivo todavía, puesto que ahora estaba solo y sin ninguna esperanza de que eso fuera a cambiar en los siguientes decenios. Por eso dio una vuelta en la cama, y después la repitió en sentido contrario, y volvió a dar vueltas varias veces y se tapó y se destapó con las sábanas, la frazada, la colcha y el "edredón" traído de alguna parte de Bolivia. En cada nuevo giro del cuerpo tenía la misma sensación de molestia:
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*Molestia por las piernas que no terminaban de acomodarse.
*Molestia por la espalda, pesada, detrás del resto de sí mismo.
*Molestia por el brazo que siempre queda colgando fuera de cuadro.
*Molestia por la cabeza que repetía siempre las mismas frases, el mismo arrepentimiento, un dedo señalándolo desde lo alto de una ventana cerrada.
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Y mientras tanto exploraba las partes frías de la cama; con el pie derecho se animaba a meterse en la zona que no había tocado en toda la noche, que ella no había tocado desde hace tanto tiempo, que él mismo evitaba mirar antes de apagar la luz.
El tipo sospechó que había pasado el mediodía en la cama, y tuvo deseos de mantenerse en ese estado durante los años que perdurara el funcionamiento de su organismo. Porque, mientras estuviera en la cama, todavía al despertar, la cara hundida en la almohada, estaría a salvo en el paréntesis que media entre la esperanza y el fin de toda ilusión.

1 comentario:

Anónimo dijo...

¡Muy bueno,muy bueno!Me gustó mucho el final.
Mara Patagónica.