lunes, 23 de agosto de 2010

Fogwill

Creo que fue en 2004. Vargas Llosa estaba en el país, pero sólo le daba notas a Clarín, La Nación y algún que otro medio grande. Así que nosotros fuimos por el lado opuesto y pusimos a Fogwill en tapa.
Lo entrevisté en un bar de la calle Salguero. Es muy probable que en estos días suba esa entrevista de la cual me acuerdo algunas poquitas cosas: en primer lugar, la cantidad de gestos, insultos y vulgaridades que dijo; en segundo lugar, la cara de orto que tenía y que acompañaba con los "no sé" como respuesta; en tercer lugar, el miedo de Coni, la fotográfa de 17 años que me acompañaba y que tuvo que soportar durante una hora que Fogwill la mirara embobado, le dijera "sos linda", le mirara las tetas. Y también me acuerdo de una canción; llevaba la música de la Marcha Peronista y la letra que cantó con esa misma cara de ojete: "Los pelotudos insignes/ somos una manga de pajeros".
Ése fue mi primer encuentro con Fogwill, aunque antes había leído La experiencia sensible, Runa y Los Pichiciegos. No había leído Muchacha Punk, que es algo así como el The Wall de su literatura. Entre un encuentro y otro no había ninguna diferencia: por escrito o en persona, Fogwill metía un poco de miedo, daba un poco de asco, generaba admiración y provocaba una enorme curiosidad.
La segunda vez que me lo crucé fue en la entrega de un premio, no me acuerdo si el Clarín, el Emecé o el Planeta. Había ganado un escritor que no le gustaba y puteaba en la puerta, a los gritos con uno de sus amigos. Con ese mismo amigo lo vi una tercera vez, en una librería. Ninguna de las dos veces me animé a recordarle aquella entrevista.
Hace un año estaba comiendo con mis padres cuando Fogwill entró al restaurante. "Fogwill, el escritor -dije y señalé-. Es un viejo loco". Esa última frase, que en apariencia no tenía nada de extraña, fue la responsable de que hoy me tuviera que sentar a escribir sobre él, ahora que acaba de morirse y ese asco y ese miedo se convierten en algo mucho más raro, casi orillando la tristeza.
Ni bien la terminé de decir Fogwill nos miró fijo, como enfocando con esos ojos furiosos. Se acercó a la mesa.
-Fogwill -dije-. Usted no sea acuerda, pero...
-No -dijo-. Yo lo conozco a él.
Creo que ninguno entendió enseguida. Fogwill miraba a mi padre con esa sonrisa maldita tan propia de él. Yo acababa de advertir que era un viejo loco, así que nadie se animó a preguntarle de dónde lo conocía. Ni siquiera mi padre, que no tenía ni idea de quién era ese viejo de rulos que ahora le daba la mano, que le preguntaba cómo estás, que lo palmeaba y se iba a sentar a la mesa de atrás para después decirle al mozo que sí, que él conocía a mi padre, a mí no, al padre, al señor ése.
El resto de la cena transcurrió en calma, con esa placidez que generan los locos una vez que muestran su show. Fogwill, mientras tanto, comía milanesa de yacaré y hablaba a los gritos con otro amigo.
Cuando terminamos la cena miré para saludar, pero no estaba en su mesa. Lo encontramos afuera, fumando.
-Chau -le dije.
No respondió.
-Hasta luego -le dijo mi padre.
Entonces Fogwill cambió el cigarrillo de mano, le ofreció la palma.
-Chau, Jorge -dijo, esta vez con una sonrisa franca.
Fogwill, que siempre se hacía el loco o que estaba, quizás, un poco tocado y otro poco lo exageraba, sabía el nombre de mi papá. Hasta el día de hoy, mi papá sigue sin saber quién era ese tipo.
Algunas horas atrás, pensaba que algún día iba a develar el misterio. Ahora sé que eso nunca va a ser posible. Quizás por eso me siento a escribir algo así como una despedida. O quizás es pena y nada más. En este caso y como debe ser, la pena es por los libros que no van a escribirse, los libros que sólo Fogwill nos podía dar.

5 comentarios:

Coni dijo...

Uf ! gran cronica de tu vida y la de fogwill...
Esta semana a partir de la perdida me dio recuerdos de esa nota, muy experimental... y muy kamikaze por ese entonces...
Y amen de ese desayuno libidinoso tengo recuerdos interesantes ya que, estará loco, pero para la cámara posaba salvando cada uno de mis disparos mas miedosos que precisos.


GRacias por aquella oportunidad...pensar que llegue aca porque entre al link de outsider... y lei esta cronica-recuerdo....

Sólo eso.
Un abrazo
Coni

Anónimo dijo...

Así fue,lo digo porque estuve allí.
¿De dónde conocería a Jorge?
¿De sus sueños,quizás?

vicki dijo...

excelente! Misterio entre misterios este fogwill. siempre me va a quedar una duda: de haberse topado con mi padre, ¿habría adivinado su nombre?

Maestruli dijo...

Si tu papá tiene 50 y pico, 60 años, como supongo que los tiene, la probabilidad de llamarse Jorge son altísimas.

Quizás fue puro azar.

Enzo Maqueira dijo...

Claaaaro, Maestruli siempre buscando una respuesta lógica!!! Podría haber dicho Roberto, Adolfo, Norberto, Carlos, Rodolfo, Hugo, José, Antonio...
Coni, recuerdo muy bien cómo posaba Fogwill, pero no era para la cámara, era para vos!