sábado, 24 de julio de 2010

Mi educación

Dejemos de lado la escuela, papá, mamá, mi hermana y algún que otro libro en donde uno iba a desayunarse que la luz de la luna tarda ocho horas en llegar a la Tierra. Dejemos de lado, también (aunque con menos justicia) las leyendas, los mitos, las anécdotas y los comentarios de quienes fueron mis pares desde que chupé mi primer corbata (jardín, salita roja, un lunes de marzo a las diez de la mañana) hasta que tomé el último trago de whisky (Jack Daniel's, of course) en compañía de mi amigo Pablo.
En cambio, démosle a Olmedo y Porcel el lugar que se merecen. Aceptemos que el modo en que uno conoció al sexo opuesto fue a través de sus películas, de sus programas de televisión y de sus gatos de culo largo, bikinis flúo y vincha ochentosa. Resignémonos al hecho de que fue la "propaganda" de Colbert la que nos colocó el horizonte de nuestra vocación de tipo cool. Caigamos de rodillas ante el ama de casa que, aleluya mediante, renacía desde las cenizas en el programa de Berugo Carámbula y nos enseñaba que "los sueños, sueños son, pero aquí se hacen realidad". Digamos que aprendimos lo que significa el histeriqueo gracias a la tanguita que Noemí Alan nunca se sacaba en Hiperhumor. Y que la primera noción de porno la tuvimos con Benny Hill, o con la música perversa de Función Privada (de paso, desechemos de una buena vez ese pretencioso saber de que, en realidad, es la banda de sonido que Nino Rota compuso para Amarcord).
Convenzámonos de que fuimos gay friendly gracias al príncipe Adam, y que la versión afeminada de He-Man nos enseñó que uno puede ser muy macho aunque se vista de rosa y tenga un gato. Sepamos reconocer que los músculos de He-Man nos atraían por algo más que pura admiración, y que de eso jamás pudimos volver.
Reconozcamos que el primer ídolo no fue Maradona, sino Karadagian; y que las lágrimas del Mundial 90 no fueron tan dolorosas como una derrota de la Momia Blanca. Tengamos la lucidez para entender que también fue en "Titanes en el ring" donde saboreamos por primera vez la atracción por lo oscuro, el mal y lo prohibido. Y, aunque hayan pasado veintipico de años, aceptemos que, en el fondo, la Momia Negra nos gustaba más.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Muy bueno!
Mara Patagónica

vicki dijo...

todo lo que sé, lo aprendí del superagente 86.
el resto, como diría metallica, 'nothing else matters'.
muy bueno!

quepalabrota.blogspot.com dijo...

Muy bueno el blog...

Pasa por el mio!.. le estoy haciendo un homenaje al Negro Fontanarrosa

http://quepalabrota.blogspot.com/

Maestruli dijo...

¿Qué libro leíste de chico que decía que la luz de la luna tarda ocho horas en llegar a la Tierra? Apenas segundo y pico tarda. Sino en Houston se hubieran enterado ocho horas más tarde que los del Apolo XIII tenían un problema, y para cuando recibieran la respuesta 16 horas más tarde estarían hechos moco...

Otra imprecisión: Noemí Alan amenazaba con sacarse la tanguita en "La peluquería de don Mateo". En Hiperhumor actuaban los uruguayos, y la "mina" era Katia Iaros.

Muy gracioso lo de He-Man, yo obviamente no puedo negar que me atraían esos músculos. Ahora lo del príncipe Adam no lo registro.

Parece que te agarró la nostalgia ochentosa...

Enzo Maqueira dijo...

Ah, no. Lo de la luz de la Luna te lo acepto, porque sos físico nuclear (?); pero lo de la Noemí Alan te lo discuto a muerte.