sábado, 22 de mayo de 2010

Diario de viaje/ París

Encontraría a la Maga? O, por lo menos, las teclas que le andan faltando a estos dedos? Será cuestión de preguntarle a Julio, tan quieto como siempre en la misma tumba de Montparnasse que visité hace doce años, cuanto todavía no había vivido lo suficiente para suponer que algún día iba a volver a estar parado en el mismo lugar, mirando la lápida con una sonrisa, hojeando los papeles, las libretas, los dibujos de rayuelas que otros tipos como yo le fueron dejando a modo de agradecimiento.
Preguntarle de dónde salió tanto cielo azul en París, y esos pasillos interminables del Metro en donde la música llega de todos lados, tantas veces el Padam de Edith Piaf en estos dos días, tantas El choclo, tantas los ocho ucranianos -acordeón, contrabajo, percusión, guitarra, más acordeones-, o la señora sentada en la escalera cantando ópera.
Explicarle que cada patrullero que pasa me hace pensar que de repente caí en Sin aliento, o en Pierrot, y que no pierdo las esperanzas de cruzarme con Belmondo, o con Godard -que me miró tantas veces también desde la tapa de una revista-, o con un libro que se llame Le Mepris y esté a la venta por 30 carísimos euros, o con otro que se llame Le crepuscule de autumn, o algo así, donde Julio aparece otra vez, tan quieto como siempre, mientras en su París los cronopios andamos sin buscarnos y quizás, quién dice, nos terminamos por encontrar.

1 comentario:

El Chino dijo...

Al gran maestro argentino.¡Saldud!