viernes, 26 de marzo de 2010

Nocturnario porteño/ la edad del faso III

La pipa de agua; el bong; el pikachu; pipas de madera, de bronce, de piedra pulida; un tubo tallado para fumar las tucas; semillas de morning glory picadas, a modo de aderezo; papeles con sabor a frutilla, transparentes, extra grandes, importados de Holanda... Hace rato que la organización de un asado con los pibes dejó de significar nada más que una compra en el supermercado. Ahora cada uno aporta su granito de arena al objetivo en común de fumar hasta caer de culo. Por eso también hay una bolsa llena de chocolates, galletitas, caramelos y alfajores con triple relleno. Por eso, también, el Rata se aparece con algo que hace tiempo nos viene dando vueltas en la cabeza.
El nombre es la primera confusión. "Traje pepas", dice. Para nosotros, esa palabra significa un aporte más al bajón de hambre que aparece siempre cuando comienza a disolverse el efecto de la marihuana. Pero el Rata habla de otra cosa; lo sabemos cuando nos muestra unos cartoncitos cuadrados, con dibujos de colores. Cada lado debe tener, como mucho, unos cinco milímetros.
- Es ácido - dice el Rata.
- ¿Eso? - respondemos, a coro, con Willy y el Gordo. Gabriel está concentrado en absorber la calada del porro.
Fue por la música que escuché hablar del ácido lisérgico. Las siglas LSD sobrevuelan letras de canciones, diseños de tapas de discos y biografías de leyendas de bandas que escucho todavía hoy, con treinta y cinco años de atraso. Me resulta difícil creer que ese cartoncito minúsculo le hubiera dado sentido a una época. Suena a cuento que de ese cartón nacieran Wish you were here, Across the universe o la literatura norteamericana de los años sesenta.
Pero ahí está, finalmente, en las manos del Rata. Una cosa que no puede fumarse, ni tampoco se inyecta. Un cartón pintado, no mucho más.
- Abajo de la lengua - dice el Rata y nos alarga la mano.
Hay algunas cosas que sí sabemos: que en los sesenta se vendía en frascos, que algunos se ponen el cartoncito adentro de los párpados y que "hay un tipo que se tomó una pepa y quedó dado vuelta para siempre". Sabemos que nos encontramos en las puertas de vivir la misma experiencia que Lennon, Syd Barrett, Hunter Thompson y Kerouac. Con esa ilusión me meto el cartoncito abajo de la lengua, cierro los ojos; espero la llegada del elefante rosado, la tipografía de Yellow submarine, el solo de Hendrix en Woodstock.
Pero no pasa nada. El Rata dice que a la pepa hay que subirla con cerveza o con porro. Elegimos los dos caminos. Cuando tomo el sorbo de cerveza, me trago el cartón. Le pregunto al Rata qué me puede pasar. Me dice que voy a quedar re-loco. Me río. Me causa mucha gracia esa expresión; tanta que pienso que jamás en la vida oí algo más divertido. También a ellos les parece divertido. El único que está serio es Gabriel, que no quiso probar y fuma en el sillón.
La hora siguiente me río bastante, veo algunos colores. Nada que no hubiera sentido alguna vez, con algún porro más o menos bueno. Eso mismo le digo a uno de los pibes. Tengo los ojos cerrados y le explico que no es nada del otro mundo, que el ácido es un invento de los viejos hippies para hacernos creer que el pasado era mejor. Le explico que, al fin y al cabo, el mundo evolucionó lo suficiente y que no es raro que incluso las alucinaciones hayan evolucionado. El cerebro humano se acostumbró a alucinar, explico, lo que en los sesenta parecía tan abrumador, hoy es apenas una borrachera larga, algunas pitadas de porro. Me quedo callado, pensando. Las ideas llegan todas juntas y se amontonan. Algunas salen en forma de palabras; otras se convierten en dibujos, colores, una esfera perfecta y de un violeta que llora orejitas de pecarí. Eso también se lo digo a uno de los pibes.
Cuando abro los ojos descubro que los otros están drogados, menos Gabriel, que come un Jorgito triple sabor. Arrodillado, el Gordo apoya la cara en el vidrio de la mesa, parece observar algún tipo de cambio impercetible en el recorrido que hace el vidrio antes de adquirir su invisibilidad. Willy camina de un lado al otro, murmura, de la cara le salen chispas. Y yo repito que no, que esto es un invento de los hippies, una trampa del capitalismo, si se quiere. Y se lo digo a uno de los pibes, al que tengo al lado mío, al que está adentro de una maceta y tiene hojas, tallo, pistilo, forma de potus y responde "mu", como las cabras.

1 comentario:

protohumano dijo...

JUA JUAAAAAA!!!! muy bien, muy bien... ahora yo también quiero la matrix del capitalismo!!