miércoles, 3 de febrero de 2010

Marcha atrás

Mientras el mundo se saca las entradas de las manos para ver Avatar, y en la Argentina empieza la cuenta regresiva que depositará las imágenes de El secreto de su ojos en la transmisión del Oscar, yo acabo de descubrir Ese oscuro objeto del deseo, la última película de Luis Buñuel, filmada en 1977.
Treinta y dos años después -y como si fuera la más asombrosa de las novedades- caigo en la cuenta de que existe una película donde uno de los personajes principales -Conchita- es interpretado por dos actrices. Y de modo por completo anacrónico busco respuestas para ese detalle perturbador. Hago lo mismo con el final en donde Mathieu (Conchita dirá "Mateo" en algún momento, puesto que es española) y la mujer permanecen de pie frente a una señora que hace un bordado sobre una tela manchada con sangre, antes de que todo explote, presumiblemente por causa un atentado que recién entonces, cuando los personajes finalmente están juntos y la obsesión parece terminar, alcanza a los amantes. Interpreto que en ese final Buñuel explica que la desgracia alcanza a los personajes una vez que dejan de ser capaces de vivir en la ilusión del enamoramiento. Y también que la señora que borda sobre la tela manchada con sangre no hace otra cosa que demostrar que el coito negado sistemáticamente a Mathieu durante toda la historia, vuelve a negarse a pesar de haber sido cedido de modo violento. ¿Por qué razón, sino, Mathieu observa con tanta fascinación el modo en que la bordadora atraviesa el hilo que cierra las grietas de la tela?
En resumidas cuentas, me preocupo por entender una película de la que ya se escribió lo suficiente, de la cual ya nada podría decirse, cuyos actores están muertos o perdieron sus encantos, y que cualquier persona más o menos pensante tiene que haber visto. Y me preocupo en serio, tanto como para escribir algo que -siendo la crítica cinematográfica un género que debe tener actualidad- se parece a una confesión: A mí el futuro me atrasa.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

La lluvia mira a un escritor que tiene un poco abandonado su blog.
Mara Patagónica

Anónimo dijo...

En qué particular mundo vivís Maqueira. Ves tantas cosas que el resto de los mortales no perciben, pero no escuchas cuando un amigo te llama.
Fabián

Enzo Maqueira dijo...

¿¿¿¿Cómo que no escucho???? ¡Te atendí el teléfono! A menos que seas otro Fabián. En ese caso, sí, estamos complicados.