miércoles, 6 de enero de 2010

cambio climático

Poco tiempo atrás, un hombre en El Salvador dijo que era preciso entender nuestro cuerpo como el más cercano contacto con la naturaleza. Que las piernas sean lo que son los árboles; que las manos hagan las veces de enredaderas. Fuera del pensamiento -incluso también él- todo lo que nos conforma como seres humanos es naturaleza.
Sería necesario, entonces, practicar la ecología con nuestro cuerpo. O continuar con el mismo ritmo de destrucción. Lo importante es aceptar que la piel es también parte del mismo mundo verde que escapa a nuestra voluntad. Y que el pensamiento obedece a los designios de la naturaleza del mismo modo que un pájaro, en verano, comienza a cantar antes de que el sol se despegue del horizonte.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Qué hermoso!Sabio el señor salvadoreño,me hubiera gustado haberlo conocido.
Mara Patagónica