lunes, 14 de diciembre de 2009

Aparecidos

El afiche en la calle, el nombre y los nombres del elenco no invitaban a gastarse los $3 que sale ver Aparecidos en el cine Gaumont. Sin embargo, tener un amigo que participa en la película puede ser suficiente razón para animarse a pasar por alto los prejuicios, incluso el del "amigo actor".
Aparecidos es algo así como una drama de suspenso que, por momentos, parece una película de terror. La dificultad para encasillar la historia es lo que la vuelve tan interesante. El argumento gira en torno a un tema bastante usual de nuestro cine: dos hermanos que rastrean en su pasado y descubren los horrores de la última dictadura. Esa expresión a veces metafórica sobre el "horror" en la dictadura, se vuelve tangible y literal en Aparecidos. No hay sutilezas en la película; no existe piedad para con el espectador. Subida al vertiginoso correr de la acción, la historia transita lo más cruel, lo más crudo y también lo más espantoso; las imágenes descarnadas de muertos, torturas y vejaciones, sólo encuentran algún resquicio de calma en una fotografía dominada por los paisajes de invierno en Tierra del Fuego. En este enfrentamiento entre la violencia histórica y la geografía majestuosa, parece estar el sentido de la película: mostrar que la realidad conlleva también una importante cuota de resignación, pero que la resignación jamás es suficiente para comprender la realidad.
Buenas actuaciones de los protagonistas españoles y también de los co-protagonistas argentinos. Excelente, por supuesto, mi amigo Horacio Pérez en su rol de mecánico de pueblo. Y una historia de desaparecidos con tiempo de thriller de suspenso, una vuelta de tuerca al modo de mostrar la eterna herida de los argentinos. No son pocos los hallazgos. Y sin Darín, ni Francella, ni una manga de reidores compulsivos que salen del cine con la sonrisa puesta.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Ví la película!Muy bueno tu comentario!
Mara Patagónica