sábado, 7 de noviembre de 2009

Horror vacui

Anoche, en un cumpleaños, escuché cosas como que "los derechos humanos son sólo para los delincuentes". Podría haber dicho algo, pero me quedé callado. Preferí salir a tomar aire al balcón.
Esta mañana, el kiosquero de la cuadra estaba a los gritos porque "yo pago mis impuestos" y "esos negros de mierda (no sólo de piel, dijo, sino también de alma) que no pagan un carajo y encima se dedican a robar, ahora también cobran por tener hijos".
Hace un rato nomás un taxista dijo algo parecido. Y habló de la verguenza de vivir en el país. Dijo que tienen que volver las botas, y que los políticos son todos corruptos, y que no se puede seguir viviendo así. Ensayé alguna réplica, pero al final preferí abrir la ventana y mirar a la gente que andaba de compras en Once. Una brisa fresca me dio de lleno en la cara.
Una de dos: o me estoy poniendo viejo, o entré en un estado Zen que impide la generación de ira política. Lo único que sé es que, ahora que la primavera entró del todo en la ciudad, el aire está más porteño que nunca.

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