sábado, 24 de octubre de 2009

Diario de viaje El Salvador, día 6

Hoy no pensaba escribir. El día había sido más o menos igual que todos los anteriores. Incluso la despedida de mis alumnos ya había sido dicha. Agregar, quizás, que Silvia Elena me regaló su libro, con una hermosa dedicatoria. Y que otros de los chicos se acercaron y me agradecieron. Y que yo sinceramente les dije que estaba encantado con ellos, con los salvadoreños, con tanta hospitalidad. Esta gente parece buena, así de simple. No es como andar por Berlín.
También, que después almorzamos con Susana, con la mexicana Victoria de la revista Algarabía y con la encargada del Centro Cultural, Marta, que hace dos meses llegó desde Barcelona. Y que comí tiradito de un pescado de la zona, cerdo a la parrilla con salsa de tamarindo y un postre de chocolate amargo. Después, a Victoria y a mí nos sacaron fotos para vaya a saber qué cosa del Centro Cultural.
A las cuatro estuve en el hotel, esperando que se hiciera la noche para salir a conocer la zona de los bares de San Luis. Pero cuando oscureció y llegué al bar, no había nadie y volví al hotel.
Hoy no pensaba escribir, así que me acosté y encendí el televisor. Esta vez, el aporte argentino a la televisión local llegó de la mano de Dibu, esa serie espantosa protagonizada por el dibujo de un nene pelirrojo con voz de travesti. A la tarde estaban dando Montecristo. Y ayer, creo, vi que pasaban Vidas robadas.
Estaba bien el programa. Por lo menos resultaba extraño. Pero me levanté a las seis y tenía sueño. Y casi estaba a punto de dormirme cuando escuché tiros. Es decir, tenían que ser tiros. Sonaban como fuegos artificiales, como los días próximos a Navidad; pero estamos en San Salvador, y son las once de la noche, y acá la gente se duerme temprano.
Sonaron tiros acá nomás.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Es la realidad,no toda la gente es taaaan buena.
¡Buen regreso!
Mara Patagónica