jueves, 10 de septiembre de 2009

Instrucciones para Juan Pinocho

Juan Pinocho mira la hora: son las diez y media y la conferencia está por comenzar. Se apura para guardar sus cosas, cierra su bolso, sale de su casa y toma el subterráneo. Tenía pensado llegar con la conferencia ya empezada, pero ni bien termina de desenrollar el entramado de pasillos que lo llevan hasta la sala y se topa con la puerta, el título, el horario y el nombre del disertante en un cartel, descubre que la conferencia aún no comienza. Sucede que la sala ha quedado chica y otras veinte estudiantes esperan -como él- un sitio más grande que los cobije.
Pero Juan Pinocho es curioso y decide asomarse para ver con sus propios ojos lo que acaban de contarle.
Deben ser cuarenta las personas sentadas. Juan Pinocho reconoce a algunas, saluda, mira hacia el pizarrón en donde, habitualmente, suelen pararse quienes hablan. Pero no los ve. En cambio, descubre a uno de los organizadores.


- ¿Y el orador? - pregunta, todavía asomando a la puerta su nariz larga y puntiaguda.


El organizador se acerca como un pez atraído por su lombriz. Hasta tiene los ojos de pez: la mirada redonda, vacía, de unos de esos animalitos.


- No llegó - dice el organizador.


Juan Pinocho siente el frío de una ráfaga de aire cuando el organizador abre la puerta, pasa a su lado y, antes de desaparecer en uno de los pasillos, deja en sus manos un papel con un título, un horario y un nombre.
Casi inmediatamente, una señora le pregunta a qué hora empieza la conferencia. Juan Pinocho responde


- No tengo idea.


Otra señora llega, le hace la misma pregunta; esta vez Juan Pinocho dice:


- Supongo que un rato.


Inmediatamente aparece una señora más.


- Enseguida - se adelanta Juan Pinocho.

Antes de que se dé cuenta, hay otras siete señoras esperando detrás de la primera. A ellas se le suman las otras veinte personas, el mozo de un bar que ha venido a traer café para los invitados, y una maestra jardinera que arrastra a sus niños en fila india, como globos de cumpleaños sostenidos por una soga hecha de manos y bracitos.
La visión de los chicos lo enternece a Juan Pinocho, que empieza a silbar una canción. Silba cada vez más fuerte; tanto que los chicos le sonríen a la cara de madera, aplauden y cantan con él hasta que un ruido de volcán a punto de explotar sacude la sala, las puertas se abren y un millón cincuenta de cientomil personas se agolpan frente a él y su coro de niños globo que silban cantando.
Las señoras se toman las manos. Los veinte estudiantes preparan sus cuadernos. El mozo le acerca el café. La maestra le chista a sus chicos ¡Silencio!
Juan Pinocho está parado en el centro de la muchedumbre. Temblando, lee el papel que tiene entre sus manos.
El título de la conferencia es "Instrucciones para Juan Pinocho".
El nombre del orador acaba de desaparecer.
Es la hora de comienzo.

1 comentario:

protohumano dijo...

Sos oscuro, Enzo... sos oscuro.