martes, 8 de septiembre de 2009

Casi famosos

Hace casi dos años que soy parte de Monstruito, la banda de rock, ska, punk, cumbia, reggae y regaetón que nació bajo la inspirada pluma musical y estética de los hermanos Mangione. Desde la primera vez que escuché un disco con algunos temas, tuve la extrañísima sensación de que Monstruito la iba a pegar. Era extraño porque jamás participé de nada que la pegara. Muy por el contrario, siempre fui un abonado al tren del fracaso; incluso cuando fui parte de proyectos que tenían todo para convertirse, cuanto menos, en pequeños mitos para algunas minorías.
No sé cuál es la obsesión que uno tiene por "pegarla". Pero es claro que la mayoría de los "estamos en el arte" buscamos el momento de la coronación. Para algunos, supongo, debe ser una cuestión económica. Para otros, debe tratarse del regodeo de la fama. Hay quienes piensan en la gloria. Y quienes se restriegan las manos preparando la lista de tipos a quienes pasarles el éxito por la cara.
En mi caso, "pegarla" con una banda tiene un sólo objetivo y es reproducir -tantas veces como sea necesario- esa fuerza incomensurable que nace cuando estás tocando frente a gente que canta, baila y se bate a duelo de pogo con la música que sale del escenario. Y como sé que el tecladista es apenas una referencia lejana en el mundo de la música, una importante porción del goce incluye el diálogo con los otros músicos, sentirse parte de un equipo en donde cada uno tiene que tocar el sonido correcto para darle forma a la fiesta, a la vibración, a sentir que la música te sale de la piel y se mete en la piel de los cincuenta, cien, trescientos tipos que tenés en frente. Es probable que "pegarla" signifique, entonces, contar con más personas con quienes intercambiar la fuerza de los sonidos, que sean tantas como para multiplicar por miles las pieles que vibran con uno. Si ése es mi caso, entonces "pegarla" es lo mismo de siempre: perder el yo, sentirse acompañado, confundirse en la masa y volar en un orgasmo de vibraciones que te acerque a una imitación de la más perfecta de las formas de la totalidad, la muerte.
Jugar en la primera de San Lorenzo es un sueño que nunca tuve del todo, aunque lo hubiera concretado de buena gana. Ser estrella de rock pertenece a la misma categoría.
Mientras tanto, es probable que el verdadero sueño se inicie con esto que escribo: contar desde adentro la historia de diez pibes de barrio que desde un comienzo tenían esa extraña sensación de que la iban a pegar. Aunque "pegarla" signifique cosas tan distintas para cada uno de nosotros. Y aunque el camino sea tan largo todavía, y esto no sea más que el prólogo de otra de las ficciones de un escritor


Monstruito toca este jueves 10 en Niceto Club (Niceto Vega y Humboldt), a las 20.30.

Entradas a la venta en Ticketek, Locuras y Lee-Chi.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

la receta y misil se la bancan, che.
=)

Pandita dijo...

Fah, che, siempre en días y/o horarios imposibles.

Anónimo dijo...

No se cómo haces pero siempre lográs sorprenderme con lo que escribís. Nunca tuve el placer de escucharlos en vivo, pero bajé sus canciones y me gustaron mucho. Espero sinceramente que la sigan "pegando" y tener el placer de verlos tocar personalmente.
Saludos.