lunes, 28 de septiembre de 2009

Camino al Oscar

De a montones dijeron lo mismo: que la película está buena en serio, que vale la pena, que la aplaudieron de pie en San Sebastián, que los cines se llenan de gente, que si no gana el Oscar le pega en el palo... Acostumbrado a escuchar lo mismo sobre series de televisión, temas musicales y otros fenómenos masivos de nulo valor artístico, pasé por alto cada uno de los comentarios que -porfiados- repetían idéntica recomendación.
Hasta que un estudiante de cine me dijo lo mismo.
Y, después, me lo dijo un escritor.
La fe ciega que uno tiene en los artistas, me llevó de narices a la puerta del cine Gaumont.
Doscientas personas hacían fila en la vereda, inclinados ante el frío de polo sur en Plutón. A las cinco y cuarenta en punto, se abrieron las puertas de la sala. Entramos en tropel; nos acomodamos en las butacas. Fila 3, pegados a la pantalla; la cara de Ricardo Darín en siete metros de altura.
Doscientas personas se ríen de los comentarios risibles del protagonista. También de los de Francella, haciendo el personaje de siempre y un poquito más. Se ríen de cualquier cosa, nomás que por ver a esos tipos que siempre (aunque sea en el programa de Susana Giménez), hacen reír. También lloran; sobre todo cuando Pablo Rago pronuncia las líneas trilladas que el guionista no pudo dejar de escribir, por más que se esforzó -se nota- en enmudecer su costumbre al diálogo de tarjeta de cumpleaños. Y se muestran sorprendidos con un final que está bastante bien, si no fuera porque otra vez el pobre Rago se ve obligado a subrayar lo que ya entendimos todos, sólo que ahora maquillado como si fuera un viejo que envejece más que lo viejo que está el personaje que, se suponía, era más viejo que él*.
De todos modos la gente aplaude cuando la película termina y la chica se queda con Darín, actuando tan bien que disimula el final obvio y la enésima clave que el director dispersó a lo largo de la historia para que a la doña le cierre la trama.
No está mal, pero tampoco es la gran cosa. Es una historia pulcra. Como todo orden, no deja ningún resquicio para el caótico nacimiento de las preguntas.
Eso sí, algo me enseñó la película:
.
La próxima vez voy a confiar en mis prejuicios.
.
*NdR: Tampoco se entiende en la película.

3 comentarios:

FBR dijo...

...yo creo mas en una cuestión de intuición o "sexto sentido" que de prejuicios..sacando eso coincido con la venta de humo que se hace de todo en este país...cambiando de lugar, fijate q Palermo le hizo 2 goles a estos pibes de Ghana que con suerte comen y ya lo quieren poner en la selección...
aprovecho la situación para invitarte a que pases por http://pobremiabuela.blogspot.com/ un espacio en el que nos hacemos los reflexivos con el sr. Diego Dipierro (yo soy Facundo Baez Roriguez, tmb ex alumno tuyo)

FBR dijo...

..Rodriguez es mi apellido..

Enzo Maqueira dijo...

Facundo, un gusto verte por acá. También es un gusto leer a tu pobre abuela ;)
Abrazo.