sábado, 1 de agosto de 2009

Qué significa pensar

Twitter, Facebook, Blogs o el lugar que esté pensado para expresarse en Internet, comparten todos una misma característica: obligan a decir cada vez menos, más chiquito. A veces el texto gana en contundencia; la mayor parte del tiempo lo que se pierde es profundidad y discusión. Lo que uno dice es un slogan, no mucho más. Y es sabido que la publicidad está muy lejos de cualquier terreno que pertenezca al pensamiento.
Cuando uno intenta responder a la pregunta 'Qué estás pensando' de Facebook, se encuentra con que no puede escribir más de seis o siete líneas. Eso mismo sucede con las discusiones literarias, que duran no más que unos cuantos posts. O con las políticas.
Lo mismo, también, pasa en cada uno de los sitios que Internet ofrece para generar un punto de encuentro, debate y opinión. El espacio libre es suficiente para que cada uno decrete algunas verdaderas tan poco sustentadas que, si uno tuviera tiempo de desarrollarlas, se daría cuenta de que lo que está diciendo no tiene sentido, o es inconsistente. Es decir, es tan poco el espacio que ofrece Internet para desarrollar una idea, que uno no alcanza a darse cuenta de todos los cabos que dejó sueltos. Y, en caso de advertirlos, no hay lugar para ocuparse de ellos. Así, cualquiera se envalentona y dice: 'No es como vos decís'.
El resultado es una discusión por completo inútil, en donde uno expone argumentos poco sólidos que el otro refuta con igual liviandad; un intercambio de slogans, en lugar de un intercambio de ideas. El pensamiento que uno no acaba de desarrollar -por culpa del espacio, pero también del lector digital, poco propenso a las grandes extensiones- es rápidamente refutado por otro pensamiento igualmente incompleto. Si cada una de las partes pudiera explicar por completo su punto de vista o su posición, descubriría él mismo los contrargumentos. Pero no hay espacio para eso. Así, una discusión, un hipótesis, la presentación de algún pensamiento innovador (o, cuanto menos, olvidado), es nada más que una cantidad de palabras limitada en donde se juega quién se queda con la última palabra. Como si no fuera la búsqueda de la verdad el último de los fines o, aun mejor, la búsqueda de tantos interrogantes como sea posible encontrar. Lo que se discute (en realidad, ni siquiera puede hablarse en términos de 'discusión'), parece buscar el único objetivo de presentar frases destinadas a plasmarse en el mármol, en lugar de fomentar la siempre saludable extinción inmediata de cualquier sentencia. Eso es lo que sucede en Facebook, los blogs, Twitter y en cada espacio que Internet ofrece para expresar nuestras ideas. Y lo peor de todo es que la gente resulta ser más tolerante a una galleta de la fortuna, a un oráculo o un cuestionario del tipo '¿A qué personaje de La isla de Gilligan te pareces?' que a una persona que respondió al famoso 'Qué estás pensando' con todo lo que tenía para decir sobre las oportunidades que brinda Internet para comunicarnos.

5 comentarios:

alotropico dijo...

Pero, ¿De dónde salió que Facebook y Twiter son lugares para pensar? Qué locura. Si tienen alguna función más allá de su utilidad es la rápida difusión, destrucción e instalación de rituales y usos sociales. Parecen dejarnos un poco más lejos de los peligros de la moral. Un poco de ósmosis simbólica, flujo de protopensamiento y protocostumbre que, quién te dice, a lo mejor convierte al duro flujo de la economía en algo tolerable (telepatía, que le dicen).

Nicolás dijo...

Cierto, muy cierto lo que usted dice.
Saludos

Anónimo dijo...

Pensar a veces duele,por eso muchos preferimos no hacerlo,o al menos no tan seguido.
Muy buen comentario.

Carla dijo...

Muy interesante post. Me gusta mucho tu blog, accedi a el por Circulo hispanohablante de...
Saludos!

mximoargento dijo...

A mi me pasa lo mismo pero con la vida, las responsabilidades cotidianas dejan poco margen para pensar un poquito, por más humilde que sea la calidad del pensamiento, el cansancio es terrible, ahora mismo tengo que escribir un guión para la radio y no tengo resto, que tristeza.

Un abrazo hermano.