domingo, 23 de agosto de 2009

Copacabana

Hoy estuve en Liniers, en la misma zona que-pocos días atrás- el noticiero de América denunció como un derroche de inmigrantes ilegales, venta de objetos robados, piratería, carteristas y narcotráfico. No es la primera vez que voy; cada tanto me gusta meterme en las verdulerías de la calle José León Suárez, en los restaurantes donde la felicidad se llama "pique macho" y es un plato que incluye mayonesa, huevo, papas fritas, carne y salchichas, y que cuesta 15 pesos y se come en una mesita llena de sol.
Pero hoy fue la primera vez que visité el lugar después de que fue denunciado por las cámaras de un noticiero. Y lo que vi fue lo de siempre: estaban, por supuesto, las películas truchas, los negocios de chucherías, las collas que ofrecen santo remedio; también las peluquerías, los vendedores africanos de anillos de bronce, los pibes con cara de afano. Estaban las mismas cosas que había visto otras veces, sólo que el noticiero las había marcado de un modo tal que esta vez me provocaban miedo. En cada porción de Liniers que reconocía (no tanto por visitas anteriores, sino por el informe de América) veía la amenaza que el noticiero había pintado. Caminé mirando hacia cada lado; oculté el celular en el bolsillo más inaccesible de la ropa; evité mirar de cerca lo que otras veces tocaba y me permitía comprar. Hasta llegué a pensar una cosa: "¿Cómo se me había ocurrido ir alguna vez a un lugar así?"
Entonces llegó la Virgen. Primero fue una música metida entre el gentío. Después fue el cartel, las letras, el nombre de la Señora. Enseguida llegó el color.
Los collas hacen una fiesta en honor a la Virgen de Copacabana, la patrona de Bolivia: visten sus autos con aguayos y los decoran con osos de peluche que suben al techo y al capot. Así, esperan que la Virgen los bendiga. Delante de los autos avanza una columna de hombres y mujeres trajeados para una baile que marcan cuatro músicos en procesión. El ritmo es de carnaval y el paso se asemeja a una murga más lenta. Un aire de puna nace de las trompetas, mientras los bailarines saltan con la cara alegre de un pueblo que pocas veces muestra la sonrisa. Adelante va la Virgen, acompañada del cura, avanzando a los tumbos en su carruaje bonsai.
Todo eso lo vi esta tarde, en el barrio boliviano de Liniers. Como otras veces, estaban lo sucio y también el brillo; el aroma de la comida y el vaho ardiente del pis. Cuando la procesión pasó de largo y el barrio quedó otra vez sumido en el silencio de la cumbia, las voces y los gritos, había olvidado el noticiero. Pero fue un olvido fugaz; porque ni bien retomé mi camino al restaurante en donde pensaba sentarme al sol, a tomar una cerveza y comer el pique macho hasta escupir mayonesa al cielo, descubrí que ninguna cámara había regristrado la fiesta de la Virgen de Copacabana, ni el baile de las mujeres, ni las trompetas ladrando la misma tristeza alegre de su melodía. Sentí pena por lo que se había perdido el noticiero, por lo que los productores de América no habían querido ver en esta tarde tan linda del barrio boliviano en Liniers. Y por lo que esa ceguera les había negado a los demás, a los que vamos cada tanto y a los que nunca pisan un suelo que fue manchado con un mal nombre, por una mala conciencia y una injusta cámara de televisión.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Nunca fui a ese lugar,tampoco lo ví por televisión,pero ahora que leo Copacabana pienso visitarlo ¡con los ojos bien abiertos!
Mara Patagónica

MR BLOG. dijo...

Muy bueno, pero no sirve para afirmar que los medios nos mienten, en todo caso, pueden equivocarse, poco, mucho, demasiado, pero son un mal necesario, lo sabes, porque entre que los políticos nos mienten y los medios nos mienten hay un "equilibrio" del cuál debemos tratar de sacar nuestras propias conclusiones, eso sí, es indispensable que nosotros no nos mintamos.

valeria dijo...

No estoy de acuerdo con Mr. Blog

Los medios no se equivocan.

Los medios saben muy bien qué informes tienen que dar: y son los informes que aseguran raiting o mayor venta de ejemplares.

Triste pero real.

Las noticias sobre "inseguridad" venden más que una cobertura documental sobre el cruce de culturas, a no dudarlo.


Quizás se equivoquen al aprovechar la ola del negocio, porque de este modo apoyan (si es cierto que es sin quererlo, entonces podemos pensar que se equivocan/porque si es a propósito, otra vez no se equivocan) políticas de estado como: tengamos tanto miedo a la inseguridad como para aceptar a un jefe de policía como Palacios.


No sé. Sí, es cierto que entre líneas podemos sacar algo en limpio, sólo en eso estoy de acuerdo con Mr. Blog.

Muy buena crónica, Enzo. Se la voy a pasar a los alumnos de mi taller.

Curu dijo...

Me gusto mucho. Muy Galeanesco, lo cual, a mi forma de ver, es un honor. Creo que si no usaras nombres propios y a su cambio usaras genéricos (me refiero a "America" por "televisión") llegaria mas facilmente a cualquier persona de cualquier lugar del mundo. Identifica mucho, sobre todo a Latinoamérica. Saludos!

MR BLOG. dijo...

Valeria: En todo caso, si los medios tuvieran que decir la verdad toda, todos los días, tal cuál es...pues, tendrías todo los días listas enormes de gente que muere por enfermedades asociadas a la desnutrición, por el Chagas, bosques que están desapareciendo, glaciares, las altísimas probabilidades de tener una peor recaída en el dengue, los muertos por inseguridad desde 2007, no se, creo que los diarios podrían ser más caóticos todavía de lo que son, difícil ver en un diario informes exclusivos acerca de muchos temas, los datos que manejas son los proporcionados por, por ejemplo, la CTA, y demás, creo que bastante confiables.

Nadie niega los intereses que se mueven de parte de los medios, existen, son muchos, y en muchos casos son asquerosos pero, tampoco debemos negar los intereses que se mueven por parte de los gobernantes, porque, después, terminamos siempre viéndolos como los vemos hoy a los Menem, peleando por una herencia que en realidad les debería ser confiscada hasta que se compruebe que tanto dinero no proviene, no de los Menem si no de todos los Argentinos.

Yo estoy de acuerdo con la nueva ley de Medios, lo que temo no es la ley, si no a los que la implementan, es un tema largo, muy largo.