jueves, 13 de agosto de 2009

Conciencia

Mientras ella piensa en correr a través del patio y subirse a los juegos del arenero, él piensa que los patios son el lugar en donde los chicos se caen y se lastiman la rodilla por primera vez; y que después ese dolor se repetirá tantas otras veces a lo largo de la infancia, que probablemente le quedarán cicatrices de golpes como frutillas aplastadas en la rodilla roja. Y reflexiona que también el arenero resulta un espacio difícil de habitar, porque serán muchas las veces que se encuentre masticando los granitos de arena, el sabor amargo y el minúsculo sonido de un granito que se rompe en dos pedazos entre la baba y la lengua; y entiende que es probable que tampoco resulte gozoso tocar los caños del tobogán, ni las cadenas oxidadas de la hamaca con esa textura fría de metal lleno de bruma; o ascender la escalera empinada mirando la tela gastada en la cola de un compañero salpicado de migas de papa frita.
Porque, al fin y al cabo, ella tiene cinco años. Él, en cambio, parece que viene muriendo desde el día en que nació.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Buenísimo!!!!! Qué mala onda el tipo...Habrán sido así tambien sus cinco años.

Curu dijo...

Buenisimo...

Anónimo dijo...

Arriesgate, y entrá al arenero:D! Mirá que no pasa nada!! YO tengo 5 años, pero vos unos mas, nada mAs!! ;) entra al arenero, que no te va a pasar nada!