jueves, 23 de julio de 2009

Los medios y la gripe

Las estadísticas oficiales de cada país son bastante claras en cuanto a la cantidad de enfermos por gripe A: en México, Brasil, Chile, Uruguay, Estados Unidos y otros países de América, la cifra promedia los mil o dos mil enfermos. Como mucho, en algún país se habla de tres mil; incluso en naciones mucho más grandes que la nuestra. En la Argentina, en cambio, el gobierno se despachó con una cifra -cien mil enfermos- que les resultó funcional a los medios de comunicación para continuar con sus críticas y hablar de ineficacia y ocultamiento de la información "hasta después de las elecciones" . En los diarios, la infografía con la cantidad de enfermos se publica desde hace dos semanas con absoluta liviandad, sin análisis sobre el motivo por el cual nuestro país multiplica diez veces la cantidad de enfermos. Una de dos: o los argentinos somos especialmente propensos a sufrir el ataque de este virus (en ese caso, estaríamos ante un organismo claramente anti-argentino, una especie de árbitro Codesal de los microbios) o somos los tipos más boludos del planeta para hacerle frente a una epidemia. De la ineficacia proverbial de nuestros funcionarios hay sobrados ejemplos, así como de las dificultades para acatar normas por parte de nuestros compatriotas. Sin embargo -y mal que les pese a los que pregonan el slogan "Argentina es un país de mierda"- no poseemos la exclusividad en cuanto a ninguno de esos aspectos.
Existe otra posibilidad: que la cifra sea inexacta. Es decir, que se estén contando casos que no están confirmados, o que se haya hecho un cálculo a partir de una muestra testigo. Algo de esto explicó el nuevo ministro de Salud, con no mucha claridad. Dijo que se habían dejado de hacer las pruebas para confirmar los casos y que, como el 95% del virus que circula es del tipo de la influenza A, y tanta cantidad de gente consultó por tener tos, fiebre y demás síntomas, ergo los casos en el país ascendían a cien mil.
Es bastante claro que, si en todos los países el promedio de enfermos no llega a tres mil, hay algo que no está funcionando. Es probable que al ministro las cuentas no le estén saliendo bien, o que en los demás países no apliquen el mismo criterio. Ése es un error del gobierno; por lo menos un error de comunicación.
Lo imperdonable, sin embargo, es el silencio de los medios. Algún noticiero, diario o sesudo conductor radial debería detenerse para analizar de qué estamos hablando cuando contabilizamos cien mil enfermos, o bien, por qué motivos los demás países dan cifras tan reducidas. Es claro que los pocos miles de casos del promedio del resto de los países del mundo pueden ser tan inverosímiles como los cien mil que ostentamos con orgullo nacional. El punto es que alguien está mintiendo, o utilizando un criterio distinto para contar. Algo está pasando, pero nadie lo explica.
Extrañamente, nadie habla de verosimilitud, sino de verdad. Y con absoluta falta de tacto llegan a indignarse porque "la cifra sería aún mayor", pero se está ocultando. Como si no bastara con toda esta paranoia que, afortunadamente, empieza a ceder.
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Lo dijo el General
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Si en la Argentina hubiera cien mil enfermos de gripe A, todos conoceríamos, al menos, a una persona con la enfermedad. No se trata de una estadística (soy muy malo para esas cosas), sino de puro sentido común. Conocí gente que murió en Cromagnon, personas que fueron estafadas por Curatola, ahorristas cuyo dinero quedó en el corralito, familias enteras que emigraron a España; conocí gente que estuvo en la cancha de River cuando Colombia nos ganó 5 a 0, y muchos que fueron víctimas de arrebatos, o que zafaron del servicio militar pagando una coima a un coronel. Pero enfermos por gripe A, ninguno. Y no soy el único. Cada tanto aparece alguno que cuenta que la tía del hermano de la novia que trabaja en el hospital, dice que hay muchos muertos; o que el amigo de un compañero de trabajo tuvo la enfermedad y se curó. Puede ser, claro, como tantos otros me cuentan de una rotura de cadera, de un resfrío o una conjuntivitis viral. De hecho, en el último mes conocí más gente con conjuntivitis que con gripe A. Y no salió en ningún noticiero. Ni siquiera en el de Guillermo Andino.
La única verdad es la realidad, y los porteños descubrieron que a los medios faltaban a la verdad cuando comenzaron a vivir por su propia cuenta y descubrieron que, en realidad, ni siquiera podían ostentar el único valor que necesitan para engatusarnos. Se llama "verosimilitud" y es lo que permite que uno crea en los poderes del hombre araña cuando ve una película con su nombre, pero que le resulten imposibles en una historia protagonizada por Norma Aleandro.
Bastó por mirar por la ventana para ver que el mundo seguía su curso, y fue suficiente entrar a un supermercado, o comer en un restaurante, o meterse entre mil personas a saltar ante un DJ, para entender que los cadáveres no alfombraban las calles de Buenos Aires, y que la tos apenas se escucha, un poco por pudor, pero mucho más porque no abunda.
Apenas se acabó el encierro por voluntad propia y ante la falta de pruebas fehacientes más allá de los informes de un presentador con cara de circunstancia, saltó a la vista la verdad y derrumbó esa verosimilitud que los medios habían construido a fuerza de mostrar negocios cerrados, señoras con barbijo y teatros sin público. Se desnudó que la enfermedad era lo que terminó siendo: una semana de paranoia de la cual los porteños (supongo que no sólo nosotros) nos aburrimos rápidamente luego de comprobar -apenas sacando la nariz fuera del living comedor- que la abominable gripe A es mucho menos peligrosa que quedarse encerrado en casa, a merced de los noticieros.
Claro que todo esto puede ser una completa estupidez de mi parte. Esta misma noche, la fiebre puede ensañarse con mi sangre, mis pulmones pueden estallar y en pocos días puedo ser uno más de los argentinos muertos por este terrible virus. En ese caso, créanme, si pudiera pensar en algo seguiría pensando lo mismo. Así como también los medios van a arreglárselas para convencernos que fue gracias a ellos que el virus desapareció, mágicamente, de una tapa a otra del mismo diario.
Es sólo cuestión de que aparezca otra cosa, otra noticia, otra catástrofe. Quizás, por qué no, otra campaña política de la cual hacerse eco para después darle la espalda, ("¡políticos! - se escandalizan los analistas de radio, lavándose las culpas - piensan en las elecciones y nos obligan a ocuparnos de ellos mientras la gente, pobre, se estuvo muriendo de gripe todo este tiempo").
Algo nuevo, que no aburra tanto.
Y que sea un poquito más creíble, para que no se les note la mentira con sólo mirar por la ventana y ver a la gente vivir.

2 comentarios:

Anita.B dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Anita.B dijo...
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