lunes, 20 de julio de 2009

Hasta que la muerte nos separe

“Viejo, ¿nos tomamos un vinito?”, le dije, como al pasar, una noche. Yo estaba con el camisón medio abierto, recién perfumada. Le aparecí con la botella en la mano. Él estaba sentado en el sofá. Ni me miró. Agarró el control remoto, subió el volumen y siguió embobado con una película de vaqueros.
Ahí nomás estiré la mano y apagué el televisor. Apreté con fuerza el botón, tanto que hizo un ruidito como que se rompía. Rodolfo saltó del sofá, me sacó el dedo del botón y lo apretó como si le estuviera haciendo cosquillas con una pluma.
Se fue a sentar otra vez; levantó el control remoto y subió un poco más el volumen. Justo en ese momento uno de los vaqueros se estaba riendo. ¡La bronca que me dio! Me agaché como pude; anduve gateando hasta que encontré el cable del enchufe y le di un tirón.
- ¿Qué hacés? – me dijo Rodolfo.

Y dando dos trancos me sacó el enchufe de la mano. Enseguida hubo un fogonazo y apareció una selva: elefantes, tigres y unos pájaros colorados. ¡Era tan lindo! Pero Rodolfo se puso adelante, tapándome la pantalla.

- ¡Dejame ver! – le dije.

No se movió. En cambio, pasó los canales rápido hasta que dejó un programa con una ruleta gigante.
Ahí nomás le di un empujón, me planté adelante del televisor, lo levanté como pude y me fui corriendo al cuarto. Esta vez se desenchufó solito de la pared, de tan fuerte que me lo llevé.

- ¡Lo vas a romper! - gritaba Rodolfo, atrás mío.

Cerré la puerta, me saqué el camisón y me metí en la cama. Me acosté con los brazos alrededor del televisor, tapada hasta arriba con una frazada. Estuve mirando hasta tarde; me dormí con el cura que dio un sermón, justo antes de una película de trasnoche.
Me despertó la voz del noticiero, pero también la sensación de que me faltaba algo. Corrí al living. Rodolfo estaba sentado en el sofá; se había atado el televisor a la cintura con una soga. Dijo “Buen día” sin mirarme. No le contesté.
“Estoy harta”, le dije antes de dar un portazo. Me fui así como estaba. Anduve dando vueltas por el barrio hasta que me dio frío y quise volver. Cuando estaba por cruzar la calle alcé la vista al departamento: Rodolfo había apoyado el televisor en la cama y andaba con el cable en la mano, buscando el tomacorriente. Fue como una furia lo que sentí. No dejaba de mirarlo mientras cruzaba la calle. Al auto también lo vi; venía a todo lo que da, tocando bocina. Me quedé quieta, esperé; cuando llegó el momento avancé otro poquito y el auto me pasó por encima. Quedé tirada sobre el pavimento. La gente se agolpó alrededor; sonaron sirenas, de la nada apareció un muchacho con una cámara. Yo escuchaba todo cada vez más lejos. Se me empezaba a poner todo negro, pero alcancé a ver que el Rodolfo se asomaba por el balcón, sostenido a la baranda. ¡Pobrecito, cómo me buscaba la mirada entre el gentío!
- ¡Vieja! – me gritó desde el segundo piso.
Con un susurro traté de responderle. El chico de la cámara me filmaba cada vez más de cerca.
- ¡Vieja! – me gritó más fuerte.
A mí me dieron ganas de llorar.
- ¡Vieja! –sacudió el barrio con un alarido; con los ojos me encontró los míos, casi del todo cerrados. En ese momento la cara se le iluminó.
“¡Estás saliendo en televisión!”, gritó y corrió a acostarse en la cama. Y lo último que vi fue al televisor; el televisor a caballito en las piernas de Rodolfo.

11 comentarios:

MR BLOG. dijo...

Bueno, entrada premiada.

Anónimo dijo...

¡Muy bueno!Ironía fina,muy buen final¡Premio merecido!
Mara patagónica

valeria dijo...

Muy bueno! Lo leí en FB

Anónimo dijo...

No creo que sea una de tus mejores obras para haber sido publicada. Gusta de todas maneras. De todas maneras quién soy yo para comentar, un simple anónimo.

Enzo Maqueira dijo...

Gracias Mr. Blog, Valeria y Mara.
Totalmente de acuerdo con vos, Anónimo. Pero no todo el mundo piensa igual y, además, el espacio que hay en el diario es ése. Si me conseguís cuatro páginas en Ñ, tengo un cuentazo para mandar...
Abrazo.

Anónimo dijo...

Muy buen cuento!!!Frase conocida la del título pero muy bien aplicada.Desenlace esperado.

susana dijo...

Ficción con aires de realidad, patetismo (si es que el término es válido), me gustó mucho, seguiré leyéndote.

protohumano dijo...

Para cuando el libro de relatos? Mira que compre el diario solo por tu cuento!
O es que me vas a tener comprando suplementos solo por leerte?
jjjjjj

© Reina dijo...

Pues no me extaña el premio; es buena, buenísima tu entrada.

Me he quedado sin palabras.

¡Felicidades!
Un beso

:) Reina

Carla dijo...

¡plaf! plaf! plaf! (aplausos)
Que historia original! Que genialidad! me encanto!!!!!
Te felicito por este cuento!

La sortijera dijo...

Enzo! Felicitaciones! Me gustó mucho!
Saludos!

Gabi