viernes, 6 de marzo de 2009

Verano porteño

Yo no sé, mirá, es terrible la calor que hace. No se termina más. Parece que el verano hubiera empezado en 1989, todavía con el Alfonso; y que el frío no se hace ver por Buenos Aires desde hace tanto tiempo que hasta el olor a naftalina de las bufandas desapareció con el plan Austral. Es una calor pesada, húmeda, que te hace sudar la gota gorda en serio. Te cae el agua por el pelo, te da vueltas alrededor de las orejas, un arroyito de chivo te va bajando por el cuello y vos sentís una fresca que en realidad es más calor. Es como un frío de muerte; una calor tan grande que se anula a sí misma y te termina dando ese congelamiento.
Y después está el sol. Uno va por la vereda donde pega el sol y te parece que no llegás hasta la otra esquina. Te sentís uno de esos pollos que dan vueltas en las rotiserías. Caminás abajo del sol y te vas haciendo al spiedo. Es eso, ¿viste?, "Porteño al spiedo". La calor no termina nunca y ya ninguno sabe si esto es noviembre, si estamos en pleno verano, o si se nos empieza a venir el otoño encima. Porque la ciudad sigue teniendo el mismo olor a baldosa meada; y los mosquitos le siguen entrando a la sangre con chivo. Andan alrededor de uno revoloteando hasta que no te das cuenta y entonces te aterrizan en un brazo y ya está, cuando te querés acordar ya te metieron cañito en la vena.
La calor tiene eso: te la tenés que aguantar con todos los sentidos. No sé vos, pero yo tengo todas las remeras con tanto olor a desodorante que ya me parece que ése es el olor a remera. Cuando me acuesto, a la noche, me saco la ropa y la tiro en el piso más por bronca que por desordenado. Después me acuesto y apoyo la cabeza en la almohada maquinándome una sola cosa: no voy a poder dormir, va a ser imposible. Es así, nomás: todas las noches, desde que empezó este verano eterno, las sábanas se pegan al cuerpo; la almohada se me mete en las orejas; la cama entera se desarma, porque la tengo tan pegada a la piel, que cada vez que me muevo arrastro conmigo funda, sábana y cubre colchón. Y, cuando abro los ojos, a la mañana, estoy durmiendo sobre el colchón y me pica todo. Me despierto con el quilombo de las bocinas que me llegan de afuera, ese tránsito de verano que a cada rato te mete una sirena de bomberos. Pero lo peor es el zapateo del ventilador: toda la noche dando vueltas para echarte un viento que apenas te lame los talones, y cuando te despertás el tipo sigue dándole a la matraca, haciéndose el boludo, tratando de disimular que no sirvió para un carajo.
Encima, no termino de mirar por la ventana (y veo que el sol está rajando el patio de la vecina) que ya me deprimo nada más de pensar lo que me queda por delante. Porque hay que salir a empezar un día cuando hace tanta calor en Buenos Aires... Hay que tener ganas de abrir la puerta y recibir el sofocón en medio de la jeta, y que el sofocón te aplaste las piernas, y después se te lleve lo poquito que te andaba quedando de motivos para seguir viviendo. "¿Cuándo terminará este verano de mierda?", pregunta el Toto adolescente de Cinema Paradiso. Una mina lo dejó y el pibe la extraña mientras proyectan una película al aire libre, en pantalla gigante. En eso piensa, acostado al lado del mar; y de repente viene la lluvia, la música, el beso de la chica que Toto estaba esperando.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Hermosas las escenas de Cinema Paradiso!Después de "la calor" salió la veta romántica¡Muy bien sr.Enzo!
Mara Patagónica

Maestruli dijo...

Comprate un aire acondicionado! Te soluciona este verano eterno.

Me caló hondo la frase "...que hasta el olor a naftalina de las bufandas desapareció con el plan Austral". Lo del olor a naftalina, lo asocio a mi niñez.

Muy bien lo de feminizar la calor, leyéndolo tantas veces seguidas se vuelve natural.

Verònica dijo...

uy.. es la primera vez que ando por acà.. lleguè saltando de un lugar a otro y me encontrè con tu "casita".. leì la nota sobre Bioy.. decis?? serìa un tipo hijo de puta? bueno, como sea.. pasò por la vida y hasta es recordado por muchos...
Aparte de eso, en cuanto a esta entrada tuya... el viernes me voy para Buenos Aires y digamos que no me estàs dando mucho ànimo, ja ja, de todas maneras esa ciudad tiene un nosequè que me encanta, asique si sigue haciendo tanto calor, tocarè el tambor... borocotò.. que se yo! a soportarlo!!! bonito lugar este, me gusta còmo escribis!!!
un beso, y lo del aire acondicionado no estaria mal pero hay que ver si el bolsillo rinde para eso.. Vero.