martes, 10 de marzo de 2009

Diez años sin Bioy

Qué jóvenes éramos los dos. Yo, porque tenía apenas 20 años y hacía entrevistas vestido de traje. Bioy, porque todavía estaba vivo (y la vejez es juventud con respecto a la muerte).
Corrió mucha agua bajo el puente desde esa foto. A Bioy se lo olvidó un poquito, y también yo me olvidé de él y de todo lo que pensaba en 1997, cuando sacamos esa foto en su departamento mansión de la calle Posadas.
Sin ser un escritor descomunal, dejó una obra que vale la pena visitarse. Lejos de ser un intelectual sobresaliente, tenía ideas interesantes.
Era un tipo agradable, capaz de contener, en sí mismo, dos palabras de morfología antagónicas, como "caballero" y "mujeriego". Pertenecía a una familia acomodada y con esas familias se codeaba también. Tenía prestigio, dinero y una pinta que arrebataba suspiros. Y también nadaba y jugaba al tenis, y tenía su campo, y sus mujeres.
Dos veces me firmó un mismo libro: la primera, en 1987, me desea "que sea un escritor"; la segunda, antes de sacarnos esta foto, me saluda "en el placer de volver a verlo". Los diez años que mediaron entre una dedicatoria y otra, quedan expuestos en la escritura temblorosa de la segunda vez. Pero incluso en sus últimos años no perdía el charme.


Cuando murió, en 1999, alguien le publicó algunos libros en donde apareció un Bioy chismoso, mal hablado, irónico hasta la repulsión. Un tipo capaz de burlarse de todos, incluso de quienes alguna vez creyeron ser sus amigos. Un hombre que vociferaba sus infidelidades a los cuatro vientos. Y que relegaba a una mujer tan o más talentosa que él mismo.También hubo quien publicó entrevistas donde justifica las desapariciones. Y no faltaron los que dudaron de su calidad literaria.

La muerte, la fama y la ambición de sus herederos se combinaron para derrumbarle todas las máscaras. Murió sin querer morir, y sin saber que al poco tiempo llegaría también el fin de sus mentiras.
Pero era un tipo inteligente. En vida, supongo, habrá penado la oscuridad de saberse un hijo de puta.
Por eso saludo a Bioy, a diez años de su muerte. Con un abrazo largo y el recuerdo más justo que puedo hacerle.

Porque así es la vida, al fin y al cabo. Y así son los hombres también.

8 comentarios:

Ana Frank dijo...

Muy lindas palabras. Debe haber sido fantástico conocer a alguien de esas características. Es cierto, a veces olvidamos.. a veces nos olvidan. Pero es una especie de amnesia temporal. Los recuerdos no se van.. juegan en nuestra mente, van y vienen.
Lindo blog :) Un beso!

Ana F.

Gus Nielsen dijo...

Los hijos de puta son los que le publicaron las memorias y esos reportajes en los que se olvida de los desaparecidos de la Argentina... Uf. Por algo Bioy no quería publicarlos, ¿no te parece? La invención de Morel y Plan de evasión son dos Obras Maestras.

Anónimo dijo...

¡Cómo quería a Bioy!Entró en mi casa hace mucho tiempo,con sus primeras publicaciones.
Lo veía siempre en la Feria del Libro¡Qué elegancia!¡Qué simpatía e inteligencia!Conversábamos...en aquel tiempo no había ganado ningún premio,entonces pasaba tiempo sólo en el stand.No quería morir...quizás no murió!
Mara Patagónica

Claudia dijo...

Enzo me deleité muchísimo con su sentido homenaje a nuestro Bioy...
por cierto es usted muy lindo!

Claudia dijo...

Una vez estuve con Bioy, lo veía tan endeble en su andar... con esa sonrisita enigmática... o tal vez sólo yo lo percibía así... No recuerdo qué fue lo que dijo exactemente pero nunca olvidé cuando le dijo a un compañero mio..."yo que estoy más cerca de la muerte..."recuerdo que me fui a mi casa con una profunda tristeza, ya lo percibía lejos de nosotros, de mí, de las horas, de saber que estaria allí lejos pero allí generando nostalgias sobre sus pasos...

Enzo Maqueira dijo...

Bienvenida Ana Frank (¡qué raro es decir esto!). Gracias por los elogios.
Gus, supongo que hay dos tipos de hijos de puta, por lo menos en este post: los mercenarios herederos, por un lado; y un hombre que vivió como quiso y cargó con el peso de construirse una fachada que sólo lo reflejaba parcialmente, por el otro. Lo segundo nos pasa a varios. Lo primero, a varios "hijos de escritores".
Mara, estoy seguro de que Bioy debe estar pergeñando algún plan para abandonar el mausoleo de Recoleta y correr a visitar a todas las lectoras con las que coqueteaba en la Feria del Libro. Paciencia.
Claudia, tuve la misma sensación cuando conocí a Bioy. Es un lugar común, pero quizás veíamos su imagen proyectada por el enigmático Morel; y Bioy estaba hace tiempo en otro lado, a los besos con alguna señora paqueta.

protohumano dijo...

la verdad que Bioy nunca me llamó gran cosa la atención. Pero te envidio Enzo por la foto, siempre cerca de dónde se concina la literatura...
por otro lado, creo que siempre se peca de juzgar al artista por su vida personal, y eso es casi siempre un error. Si fue un hijo de puta con su mujer o con sus mujeres, a mí me importa tres carajos, sólo quiero su arte si es que es buena.
Abrazos Enzo

Maestruli dijo...

¡Se me pasó este post tuyo! La verdad que no te reconozco en esa foto, y no lo digo por el traje.

Me hiciste acordar de momentos asociados a Bioy. Lo vi una sola vez en la feria del libro, creo que la última o anteúltima a la que fue. Y recordé la situación de cuando me enteré de su muerte... hace 10 años ya...