viernes, 20 de febrero de 2009

La mariposa

Anoche hacía un calor insoportable y tenía todas las ventanas abiertas. Ya no sabía cómo refrescarme: me sentía pegoteado, sucio, con ese olor a podrido que hay en Buenos Aires en las noches con tanto calor. Tan abiertas tenías las ventanas que entró una mariposa. Pero no era de esas mariposas negras, de la luz, que entran a la noche en verano. Ésta era una mariposa con colores, las que se ven en Primavera, las que algunos dicen que son tan lindas.

Nunca aparecen mariposas así a la noche, en un departamento. Así que se me ocurrió que podía ser una señal. Podía ser Dios, que estaba queriendo decirme algo. O quizás la vecina del primer piso que se murió el mes pasado de pena, después de que al marido le agarrara un infarto en plena encamada con una vedette. Dicen que se tomó cuatro viagras y dos bolsas de cocaína. Y que la erección era tan grande que le tuvieron que hacer un agujerito en el cajón, por donde asomaba la verga. Por supuesto, taparon todo con un ramo de gladiolos azules, para disimular la cabeza dura entre las flores.

Estaba hablando por teléfono cuando escuché el ruidito. Me acuerdo que, mientras hablaba, me apantallaba con un folleto de la obra social para tratar de darme un poco de fresco. Y de repente escuché un aleteo contra el vidrio. "Es un vampiro", pensé. Enseguida me agarré el cuello con las dos manos (y solté el teléfono, escuché el "¿hola?" de mi madre del otro lado, cada vez más impaciente). Me lamenté de no haber comprado ajos. Había pasado esa misma tarde por una verdulería, pero como era de bolivianos me dio un poco de miedo... ¡Quién sabe si no habían estado cagando en la vereda, al lado de los ajos y del resto de las verduras!

Cuando vi la mariposa pensé lo de la señal divina, o la visita de la vieja cornuda. Estaba en medio de una pared, como una lamparita. Era una mariposa grande, colorada, con unas manchas que parecían un número. Me fijé atentamente en ese detalle. Por un momento me pareció ver un "17" (sentí el corazón en la boca). Pero después me acerqué un poco más y vi que no, que en todo caso parecía un "77". Casi me muero del asombro. "Pierna de mujer", pensé. Así que tenía que ser la vecina, nomás.

Dirán que soy un insensible; pero, por más que fuera la vieja, me aterró la idea de tener una mariposa despechada en casa. No la iba a matar, por supuesto, porque esas cosas traen mala suerte. Pero apagué la luz y abrí las ventanas. Sentado en un sillón, sintiendo las gotas de transpiración que me caían por las sienes, recé tres avemarías mientras esperaba que la mariposa se decidiera a dejarme en paz.

De repente me acordé del teléfono. Sin encender la luz, caminé a buscar el tubo que había quedado tirado. "¿Hola?", pregunté. Mamá respondió enseguida. Se puso hablar lo mismo de siempre y yo contestaba "ajá", "hm", "seh", mientras me seguía dando aire con el folleto y trataba de olvidarme de la mariposa. Pero no hubo caso. Seguía pensando en la señal que había querido darme la vecina. Nada de eso se lo confesé a mi madre. Como buena sagitariana, descree de las cosas que no son de este mundo.

No sé cómo pasó, ni por qué no me di cuenta, pero en un momento el folleto se me soltó de la mano y se me metió por el cuello de la camisa. De un salto tiré otra vez el teléfono. "¡La mariposa!", grité, y empecé a correr por el departamento mientras me sacaba la ropa moviéndome como un pescado afuera del agua.

Desnudo, volví a encender la luz. Recién entonces vi el folleto, tirado en alguna parte del living junto con la camisa, el jean, las medias y el calzoncillo. Casi de inmediato vi la mariposa apoyada en la misma pared, tan quieta como antes.

Decidí dejar la ventana abierta, a ver si de una vez por todas se iba. Pero entonces recordé al hombre araña, ése que trepa por los edificios y se mete en los departamentos para robar o violar a la gente mientras duerme. No hace mucho tiempo había pasado eso mismo en un departamento cerca del mío.
Miré el living: no había mucho para robar, salvo el televisor y un equipo de música con el cd roto. Así que otra vez apagué las luces, encendí el farol del balcón, dejé las ventanas abiertas y me encerré en mi cuarto a tratar de dormir.

Me tapé con las sábanas hasta la cabeza. Desde chico siento que, así, estoy protegido contra los monstruos de la noche. Y metí las manos bajo la almohada, para que ningún fantasma me las quisiera agarrar (como había leído en un cuento alguna vez). Para reducir a la mitad las probabilidades de que otra mariposa, o el hombre araña, entraran a lo largo de la noche, dejé cerrada la ventana de mi habitación.

Hoy a la mañana me encontraron muerto en la cama. Yo mismo los vi: entró la paraguaya que limpia, gritó una cosa en indio, y al rato estaban dos médicos diciendo que no con la cabeza y me taparon con mi propia sábana. Esto que escribo ahora lo estoy escribiendo en el aire, con un dedo de fantasma sobre las gotitas de lluvia (porque amaneció lloviendo con sol, además; ¿se habrá casado una viuda?). Ya me dijeron que tengo que estar así, transparente, hasta que me encuentren cómo volver. No entendí mucho, pero parece que tengo que meterme adentro de un capullo, que después del capullo nazco gusano, y que después del gusano me salen alas y puedo salir volando y volver a vivir.

- Pero un ratito nada más - dijo el ángel que me tomó los datos, ni bien llegué.
- ¿Entonces para qué vuelvo? - quise saber.
- Siempre hay algún boludo - respondió el ángel y me despidió con un beso.

16 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Qué talento!de una cosa tan sencilla creaste un cuento.
Lo que me asombró es tu poder de pensar en otra cosa cuando tu mamá te habla.¿Cómo lo lográs?Yo nunca pude.Ahora es tarde porque quizás es una mariposa.
Mara Patagónica

Claudia dijo...

mmmmmmm si si siempre hay algún boludo jajajaja
va con onda...

Enzo Maqueira dijo...

No soy yo, querida Mara, es el personaje. Y espero no parecerme en nada a un tipo así. Sobre todo, por eso de decirle "indio" al guaraní, y de pensar que las bolivianas...
Siempre hay alguna mujer que no entiende nada... Va con onda, chicas.

Dick dijo...

Eh cuanta agresividad con el sexo femenino y cuanta obsecuencia de parte del masculino...¿no seras una loca reprimida Maqueira?

Magalí dijo...

Mara, no entendiste, no estaba prestándole atención a la madre porque mientras se apantallaba con el folleto de la obra social pensaba en que necesitaba pasarse ya a esa OS privada porque las del gremio son de gente pobre. Por eso no la escuchaba. No captas ni morcilla.

MR BLOG. dijo...

Me encantan tus remates Enzo, muy bueno, y que bueno también que aclaraste lo de la Boliviana y lo de indio porque si no hay un par que siempre aparecen como fantasmas también a gruñir que sos Hitler que escapó a la Argentina entre los Nazis protegidos por Perón.

Me encantó.

protohumano dijo...

jajaja, me encantan tus relatos enzo, pero más me gustan las polémicas que armás entre tus bloggers, jajaja. Yo no logro eso ni por casualidad... Tengo muchisimo que aprender sobre publicidad y escritura, no? ja

Enzo Maqueira dijo...

Dick, las mujeres son siempre un poco más estúpidas que los hombres, salvo honrosas excepciones. Pero, también son más lindas. Así que estamos a mano.
Gracias, Protohumano, por disfrutar de las polémicas. Este blog se nutre de mentes brillantísimas (incluso en el caso de las excepcionales mujeres que lo frecuentan). Magalí, estás equivocada vos... la obra social es privada, of course. La palabra "gremio" nada tiene que ver con ese personaje. No atrapás ni una almeja en la Bristol de 1985.

Magalí dijo...

Una cosa es la obra social privada (o sea, una prepaga) y otra es la obra social gremial, querido Maqueira. A eso iba.
No captas ni la señal de canal 7.

MR BLOG. dijo...

Yo no capto la señal de América, ¿es grave?.

Mmm, que bellas son las mujeres, y contra lo que aquí se dijo, en broma creo, lo que a algunos hombres les molesta, es que además de hermosas, tienen la capacidad de ser mucho más inteligentes que nosotros, solo cometen un error, lo básicos que somos a veces les escapa a tan agudas mentes, quieren encontrarle significados profundos a nuestras almas de niños y, somos eso, eternos niños.

protohumano dijo...

che, o yo me equivoco o el cuento no tenía un porongo que ver con las diferencias entre sexos? (perdón por la parabra "prongo" que es un tipo de mate, pero que siempre suena a "poronga" que es otro típo de mate, pero bien distinto)

Claudia dijo...

mister blog!!!Usted sí que sabe seducirnos con seudologismos del tipo femeniles es decir que rayan el sofisma... jajjajajaj va con onda...
y por cierto.. yo muy rara vez agarro una, y la verdad no me creo muy inteligente que digamos tampoco, por algo leo más blogs de autores masculinos que de autoras femininas... para quemar un poco de ignorancia de turbada mente...
besito maqueira
sos un groso

MR BLOG. dijo...

Bella Claudia: ahora si me lo pasa a el Argentino urbano no me enojo, sofisma me sonó a aneurisma jajaja.

Proto: ¡como se te ocurre decir esa palabra!, ahora deberé explicar que además de tontos, los hombres somos mal hablados jaja.

Claudia dijo...

mire si lo paso a cagastellano urbano porteño sufro el riesgo de no entenderme mucho y confundir las ideas primigenias que alimentaron e impulsaron mi humilde comentario

MR BLOG. dijo...

Noooo, eso es "chetismo literario", pero bué, a la chica de la foto le perdono hasta eso.

Maqueira, perdón por mis comentarios.

Anónimo dijo...

Maqueira, le recuerdo que la estúpida que lo dio a luz fue una mujer y hay otra estúpida que anda dando vueltas x su vida incondicionalmente desde hace 31 años. No sé por qué todos lo tratan de usted pero me sumo porque queda "pintoresco". Sabe que las mujeres somos bastante más inteligentes que los hombres; sólo que el corazón nos suele jugar en contra.
Mara Patagónica: pensar en otra cosa cuando tu mamá te habla es una de las "ídem" más fáciles de hacer en este mundo... Sale espontáneamente. Prestar atención es lo complicado.


Una boluda de las que siempre hay