martes, 3 de febrero de 2009

Del lado de allá

Leí un libro en las vacaciones: "Kafka en la orilla", de Murakami. Y fue muy raro todo.
Porque el libro está todo el tiempo postulando la existencia de la literatura fuera de la literatura. Es decir, una literatura en la vida, que a su vez vuelve a la literatura.
Seiscientas páginas tiene el libro, que leí en cinco días. De modo que pasé gran parte del tiempo leyendo.
Y fue así como el libro se fue confundiendo con lo real.
Fueron raros mis días de vacaciones: vi un fantasma, tuve un sueño lúcido, hice un ritual en la playa y perseguí un cuis. También me pinché con una planta llena de espinas. Y disfruté de cada una de las heridas que me hizo en el cuerpo. Por supuesto, hablé solo en cada una de las recorridas que hice por el campo, y junto al mar.
Si uno es capaz de abstraerse un poco de lo cotidiano, y dejarse llevar por una ficción, al cabo de pocos días la ficción aparece en lo cotidiano. Yo nunca había visto un fantasma, y sin embargo lo vi. Basta con darle un espacio a lo extraño, y lo extraño aparece. Porque es uno el que empieza a ser extraño. Es uno el que se convierte en personaje de un libro que se va escribiendo al mismo tiempo que se lee, y viceversa.

3 comentarios:

MR BLOG. dijo...

Lo extraño, es como la belleza, ¿quien es el juez para dictaminar que es lo extraño y que no es?, yo te aviso por experiencia, que "lo extraño" no es un momento, cuando llega lo hace para quedarse, y es que, seguramente siempre estuvo ahì, acompañandote.

Abrazo.

Anónimo dijo...

"si las puertas de la percepción fueran depuradas, uno percibiria las cosas tal cul son: infinitas"


protohumano

Anónimo dijo...

Totalmente de acuerdo en que lo extraño nos acompaña siempre.En tus vacaciones pudiste comprobar algo. Basta darle un lugar. . .