martes, 20 de enero de 2009

Triste se nace

La alegría es un sentimiento más fugaz que la tristeza. Podríamos decir que "pasa de largo como una nube en un cielo límpido", para usar una imagen que utilizan los budistas cuando se refieren a los pensamientos durante una meditación.
Los motivos pueden ser dos: en primer lugar, que la alegría jamás tiene un motivo verdaderamente justificable para existir. La alegría es la respuesta del cuerpo a las ficciones del pensamiento. Conociendo la certeza de la finitud, sólo es esperable sentir alegría por sucesos menores que mantengan la ilusión de la eternidad, o que por lo menos generen olvido.
La tristeza - que también se desarrolla a partir de igual cantidad de ficciones - encuentra, sin embargo, ese motivo real para abrirse paso. Es la muerte la única razón válida para provocar un sentimiento perdurable. La tristeza es la respuesta del cuerpo a la única amenaza real que el pensamiento no es capaz de resolver.
El segundo motivo que le otorga mayor fugacidad a la alegría es puramente social: es más fácil quedar en ridículo cuando las palabras, los gestos y los movimientos son excesivos (característica que define a la alegría) que cuando la tristeza borra todo interés en sobresalir.
Existe una tercera posibilidad, relacionada con la fruición. La fugacidad de la alegría y la perseverancia de la tristeza en la vida de las personas puede ser una cuestión de goce. No es que la tristeza dure más tiempo que la alegría, sino que se la disfruta más despacio.

3 comentarios:

MR BLOG. dijo...

Buè, igual yo soy Bipolar, asì que estoy jodido, es como ser un daltònico de la vida.

protohumano dijo...

ay ay ay... enzo enzo... siempre con ese alma triste... en la vida hay que disfrutar todo,... hasta el dolor hay que disfrutarlo... jaja. y la alegría no es más que la hija boba de la ironía.

Enzo Maqueira dijo...

"La alegría no es más que la hija boba de la ironía". Suena linda, la frase. Aunque para mí es más directa la cosa: la ironía es el chiste del hijo de puta. Así nomás.