domingo, 28 de diciembre de 2008

Fetiche

Ni bien terminó otra de sus soberbias – m a r a t ó n i c a s – encamadas, David se paró, se puso el calzoncillo y caminó hasta el cajón en donde guardaba la Polaroid. Mientras la bailarina seguía despatarrada sobre el colchón (todavía desnuda y con la lengua afuera), se afirmó con las dos plantas de los pies, levantó la cámara y gritó:

“¡Decí guasca!”

Y con un latigazo de flash la echó de su cama.

La foto de la bailarina iba a ocupar el trigésimo noveno lugar en el álbum, justo después de la cajera (38º), la tenista (37º), la maestra (36º) y la doctora que aparecía gritando (35º). A todas sus mujeres las miraba en el álbum porque nunca las quería volver a ver después de sacarse las ganas. Era una vez sola con David. Y a parar al álbum de fotos.
A la del vivero le iba a hacer lo mismo. Lo supo ni bien la vio: con los ojos reconcentrados y un mechón de pelo rubio sobre una ceja, con las manos de dedos finos y las uñas talladas como por una hormiguita, la del vivero cortaba las ramas de un bonsái.
Con el impulso que traía de su paseo al atardecer, David se metió en el vivero y le preguntó:

- ¿Cuánto sale?
- No se vende.
- ¿Tenés otro?
- No.
- ¿Trabajás acá?

Pero ella ni siquiera lo miró. Podaba su bonsái con una minuciosidad de cirujano: sostenía la ramita con dos dedos, apuntaba la tijera cerrada hasta que casi pellizcaba la ramita, la abría inclinando el codo hacia atrás (los ojos fijos, la boca cerrada en una sonrisa, el mechón de pelo rubio) y entonces ¡ZAP!, la ramita al suelo.

- ¿Te puedo invitar a tomar un café? – insistió David.

Ella seguía podando. Con una mano giraba el bonsái y con la misma – certera – operación, le iba cortando ramitas.

- ¿Al cine? ¿Te gusta el cine?

Pero ella, nada; la tijera abierta y después ¡ZAP!, otra ramita al suelo.

- ¿A tomar un helado? ¿Al zoológico?

Otra vez “No”, ¡ZAP!, y el bonsái cada vez más pelado.

Pensó, David, y se le ocurrió que podía ser de las que prefieren a los artistas. Así que se paró rígido y empezó a cantar algo en francés (y eligió ese idioma por si además le gustaban los intelectuales).

De nada valió el esfuerzo. La chica apoyó el bonsái a un costado y empezó a caminar lejos de él.

- ¡Esperá! – gritó dispuesto a jugar su última carta - ¿Querés venir a mi casa?

Fue como si hubiera pronunciado un abracadabra. La chica del vivero lo miró fijo a los ojos, se calzó una cartera al hombro y corrió a sus brazos.
Dos horas más tarde, ni bien escuchó un gemido que ella disimuló apretando los labios, David apuró los últimos embates y después se quedó acostado tratando de recuperar el aire que le había amarreteado el esfuerzo de llevar adelante una más de sus soberbias – m a r a t ó n i c a s - encamadas.
Pero tuvo que haber visto algo que jamás había encontrado en todos los años que llevaba metiendo mujeres en su álbum de fotos, porque una cosa rara que le nació en el pecho le impidió pararse en busca de la Polaroid y, en cambio, le hizo dar ganas de darle un beso en los párpados a la chica del vivero, que miraba el cielorraso.

- ¿Cuándo te vuelvo a ver? – le susurró David al oído y le acarició el mechón de pelo rubio.

Sin decir una sola palabra, la chica del vivero desprendió una de las manos que tenía pegadas al colchón. Recién acababan de amarse y ella le recorría una pierna hacia arriba, le acariciaba gentilmente los pudores con dos dedos. David cerró los ojos y se imaginó con ella a lo largo de los años, haciendo un amor interminable hasta ponerse viejitos los dos. Y se le hinchó el corazón de un sentimiento para él novedoso cuando la sintió acercarse y ella le respiró /entrecortado/ junto a su cuello.

- Decí bonsái – le dijo al oído la chica del vivero.

Y cuando David abrió los ojos, vio que en la otra mano tenía una tijera abierta apuntándole a la verga, de esas que se usan para podar.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Cuántas de nosotras desearíamos ser "la chica del vivero"!

Facundo Baez Rodriguez dijo...

La dulce venganza....muy bueno

protohumano dijo...

jajaja, me dolió hasta a mí... jaja. Un poco presecible pero prolijisimo como siempre, maestro!

Magalí dijo...

Lo podó, y creo que dolió...y mucho!
Parece que no siempre los trofeos significan victoria, a veces el vencedor es vencido, y eso es lo mas sano!!
Lo conservará como recuerdo de su caza...?

Maestruli dijo...

Sí, yo también preví el final, pero porque es que todo pedía ese final. Se iba creando clima de cuento fantástico. Mientras leía pensaba que si hubiera terminado de una manera cotidiana te iba a decir que lo terminaras distinto...

¿Y este hombre qué número sería en el album de esta mujer? ¿O ella directamente no los contaba?

Ay, qué escalofríos, porque yo hago bonsai y también cuento a mis amantes...

"rulterna"

MR BLOG. dijo...

Con lo fácil que es decir que no...para algunos, o algunas, parece más fácil arrepentirse después y cortar eso que aceptaron, disfrutaron, pero la culpa no se corta me parece.

Excelente este escrito Enzo, como siempre.

Un gran año, lleno de orgasmos y trabajo...PERO SIN BONSAIS CHÉ.

Anónimo dijo...

¡Este cuento me resultó instructivo!Pero tendría que comprar la tijerita¿sabés dónde conseguirla?