viernes, 28 de noviembre de 2008

Neofascismo porteño

No sé ustedes, pero yo estoy cansado de los gringos. Y cuando digo "gringos" me refiero a todos esos rubiecitos más altos que todos nosotros y con cara de opa que andan dando vueltas por la ciudad. Uno entra en un restaurante peruano y están ellos, sentados de a montones en una mesa larga y tratando de hablar su lento, gangoso, agudo español. Uno va a una lectura de poesía y nunca falta el opa con las mejillas coloradas, meta tomar la Quilmes del pico.
Están en todos lados.
Palermo, por ejemplo, fue tomada por esta gente. Estan sentados en las veredas de los bares, se bajan de los taxis, se meten en los edificios como cualquier hijo de vecino.
Lo mismo le pasó a San Telmo. Es curioso ver a los gringos jugando un fulbito en la plaza Dorrego: el cuerpo pálido, el pelo corto, la inconfundible cara de pelotudo, io voy a poner gol y después una patada y gol, yeah!, abrazo a otro gringo de idéntica descripción.
El problema es que ya dejaron de ser turistas. Ahora vienen, les gusta y se quedan. En un arco que parece abarcar todas las fluctuaciones de la histórica e indigna clase media de Buenos Aires, ellos aparecen como mozos y dueños; como propietarios de pisos en avenida del Libertador y residentes semestrales del más barato de los hostels de Pompeya; son los que pasean el perro, y también los que se compran la droga en tizas de cien.
Esta gente no trabaja, ni paga impuestos. Con sus dólares de gasolero norteamericano se dan la gran vida en el culo del mundo. Y si no se dan la gran vida, parece que lo estuvieran haciendo.
Hasta en la cancha están los gringos. Y no solamente en Boca - River.
Lo más extraño de esta gente no es, sin embargo, que alguna vez hayan querido ser turistas en Buenos Aires. Ni tampoco que les haya resultado su lugar en el mundo. Hay algo peor: los gringos - opas en serio - no quieren ser gringos. Se esfuerzan, aprenden, se ofuscan, mastican achuras y sorben la ácida cerveza nacional con la secreta esperanza de que algún día, por obra de un milagro que jamás sucederá, un baldazo de oscura tinta los convierta en argentinos.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

VIVAN LOS GRINGOS

protohumano dijo...

jajajaja... un golpe mandibulario al racismo de toda clase... A los canibales hay que comerlos a todos para erradicar el canibalismo... jajaja. Su ironía es punsante como siempre, querido enzo

Diego Dipierro dijo...

¿Vos también sos un neo-facho como dice el título del posteo? Pensé que con algunos compañeritos míos del curso ya tenía suficiente jeje.
Igual no creo que esté bien responder con anti-gringuismo a la sudaquía con que nos condenan los "primermundistas".
Saludos, tu ex-alumno pseudo-barbudo.

Magali dijo...

No son turistas, no son argentinos, que son?
Rejunte de dólares abultados intentando ser uno más,
abanicando el olor a mierda del riachuelo...
Lo mejor de este texto es el "cara de opa", definitivamente.

Paz Tyche dijo...

a mi me pasa que los veo como parte del paisaje, ni los veo, qué mal.
debe ser que para extranjera ya estoy yo.
un saludo, sos graciosín.

Enzo Maqueira dijo...

Anónimo, por gente como vos ganó Menem dos veces (y la tercera, casi).
Diego, como diría algún compañero tuyo: "ojo por ojo, diente por diente".
Protohumano, Magalí y Paz, gracias por apoyar esta cruzada morocha, petisa y atorrante.

Maestruli dijo...

Lo mejor es darse por vencido y no pasar más ni por Recoleta, ni San Telmo, ni Palermo. Además de los gringos hay una lacra argentina pelotuda que ya hicieron el aire irrespirable.

En mi barrio no hay gringos, mudate! ja!