lunes, 4 de agosto de 2008

Fame

¡Ya la sé, me la aprendí toda!

Lo dije tal cual lo había pensado mientras tomaba la chocolatada. Me había quedado despierto dando vueltas en la cama, tratando de retener la canción que iba a cantarle a Leandro.
La noche anterior, ni bien terminó el programa y aparecieron los chicos bailando (el negro Leroy subido al techo de un auto) salí corriendo a buscar una hoja y escribí la parte que me faltaba. Eso mismo lo había hecho las últimas siete semanas, cada vez un poquito más, avanzando con la letra. Terminábamos de cenar, nos sentábamos frente a la tele, mirábamos el noticiero y después empezaba el programa. A mí me gustaba todo, pero esperaba ansioso que llegara la canción del final.
Era lo último que me dejaban mirar; el programa terminaba a las diez y se hacía tarde para irme a dormir. Yo era muy silencioso, así que me quedaba despierto un rato más y le pedía a mi hermana que me hiciera las correcciones.

- Acá tenés que escribir la "h" - me decía y ponía la misma voz de la maestra. Ella era dos años mayor y ya había empezado inglés.

El que más me gustaba era el negro Leroy, que bailaba dando vueltas y pegaba unos saltos que yo trataba de hacer en mi casa, paseándome por el living. Me habían quedado las medias negras y por eso mamá siempre me retaba . Pero yo aprovechaba la hora de la siesta para correr desde la puerta hasta el balcón, haciendo los saltos del negro. Iba tarareando la música, cada vez más fuerte hasta que eran las cuatro y mamá venía a decirme:

- ¡No me dejaste dormir! - con los ojos pegados.

Con Leandro hacíamos lo mismo. Todas las mañanas, en el primer recreo, corríamos el patio dando piruetas en el aire. A veces la música la cantaba él y yo era el que bailaba; otras veces yo tarareaba y él hacía de Leroy. La maestra nos miraba de lejos; venía a levantarnos si alguno de los dos se caía.
Ése era el problema, que tropezábamos seguido y terminábamos en las baldosas. Probamos haciendo las piruetas más despacio: la pierna la movíamos lento, como si estuviésemos pisando plasticola. Pero por más cuidadosos que fuéramos, siempre venía la maestra a levantarnos. Leandro dijo que nos equivocábamos por la canción. Teníamos que aprendernos bien la letra y cantarla en inglés, así sabíamos en qué momento teníamos que dar el salto, subirnos arriba del mástil, hacer la vuelta en el aire como al final del programa. Le prometí que la iba a escribir entera, en dos copias y con dibujos.
Por un tiempo dejamos de bailar. En los recreos apenas nos hablábamos: Leandro jugaba al fútbol con una pelota hecha de media y papel; yo me quedaba sentado, corrigiendo lo que había copiado la noche anterior. Si se llegaban a cruzar las miradas, sonreíamos y cada uno seguía en lo suyo.

¡Ya la sé, me la aprendí toda! - le iba a decir.

La noche que completé la canción me la quedé entera mirando la hoja. Mi hermana espiaba desde su cama -"¿Querés que te ayude?" - pero yo no contestaba y seguía leyendo. Cuando mamá vino a despertarme estaba levantado, con la raya peinada al medio y el guardapolvos puesto. Seguí repitiendo la canción mientras tomaba la chocolatada; también cuando vino el micro y subí al último asiento (Se me cerraron los ojos).
La maestra enseñaba las restas, con números llenos de ceros que yo no entendía. Leandro me miraba desde su banco y me preguntaba. Yo le decía que sí con la cabeza, le mostraba la hoja. Nos chistó la maestra y nos dijo silencio. Tuvimos que copiar, subrayar el título; después hicimos las cuentas.
Ni siquiera esperé que la campana terminara de sonar. Ni bien la escuché , salí corriendo al patio y me preparé para cantar.
Leandro llegó enseguida.

- ¿Y? - me preguntó.
- ¡Ya la sé, me la aprendí toda! - le dije, agarré la hoja con una mano. Leandro se puso en puntas de pie, empezó a moverse haciendo círculos; con los brazos abiertos pegó dos saltos.

Y yo canté:

- Ai guachu ronchu futerer... ai guachu ronchu tufai... ¡Feim!... ai guachu ronchu futerer... ai guachu ronchu tufai, rimendeit, rimendeit, rimendeit...

6 comentarios:

Loulou dijo...

Querida Matilde,
Uno de los mejores textos que leí hasta ahora, con la inequívoca impronta de tu padre.Yo seguiría por esta línea que no está tan trillada.
Saludos,
Loulou

Maestruli dijo...

Ah, no, tenés un error. El final no era "pipepé, pipepé". Era "rimendat, rimendat", te lo juro.

Che, ¿vos te sacás años? Porque "Feim" era de "mí" infancia, no de la tuya.

By the way, muy buen texto.

Enzo Maqueira dijo...

En primer lugar, Loulou, es peligroso seguir algunas líneas. Y ésta, para colmo, es pura y blanca como todo en la infancia. Pero veremos qué se puede ir haciendo.
Mastruli: Año 1982, probablemente ya en preescolar. ¿A los cinco años se puede querer ser Leroy? ¿Fui un niño prodigio?
Por otra parte, le comento que modifiqué algunas cuestiones en la puntuación, agregué algunos pasajes, y le di crédito parcial a tu sugerencia. Lo había olvidado. Era rimendeit.

Loulou dijo...

Querida Matilde,
Con respecto al comentario del Maestruli confieso no tener idea de quién era Leroy o la canción que protagoniza su relato. Habrá algún mensaje en el texto que perdí por mi falta de conocimientos?
Con respecto a su opinión con respecto a la línea blanca y pura de la infancia sólo puedo deducir que, a pesar de su padre, debío Ud tener una espléndida niñez.
Debería quizás explorar los infaltables grises con los que la línea cuenta.

Paz Tyche dijo...

Mmm algo en este relato me saca lágrimas. Mucha ternura.

Lei una entrevista a tu persona escritora en El Hipercrítico...felicitaciones?!
¿Quién hubiese dicho que ese nño prodigio se la iba a pasar de putas?

Beso

protohumano dijo...

jajaja me dió escalosfríos... ja