jueves, 3 de julio de 2008

Alfombra roja

Trabajan poniendo la cara delante de millones de imbéciles que
ni siquiera pueden ser ellos mismos los que ponen la cara.

Y eso que poner la cara es un trabajo sencillo y
no requiere de otro talento más que el de ostentar un gigante

egocentrismo

(algo que tenemos todos, en mayor o menor medida).
Lo peor es que por su trabajo de pone cara obtienen una paga superior
a la que merecen quienes en verdad trabajan.

No estudian, no estudiaron, no piensan en estudiar.
Y si lo hicieron, son capaces de abandonar cualquier carrera con tal de verse en la pantalla.
Ni siquiera actúan. No necesitan actuar.
Hacen de ellos mismos y eso les vuelve el trabajo aun más fácil.

Creen que su rol cumple alguna función en la sociedad.
Creen que entretienen, que dan alegría a la gente, que bien ganado tienen

la ostentación de sus cuerpos, sus joyas, sus peinados que jamás pagarán.
la fama que les molesta como molesta rascarse la picadura de un mosquito.

Muchos de ellos, incluso, se creen progresistas, izquierdistas, bien pensantes.
Muchos de ellos se creen artistas.

No quieren saber que detrás


está el monstruo, oculto.

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