martes, 4 de marzo de 2008

Más evangelio según Doña Ramona

Una señorita que utiliza ropas excesivamente ajustadas, o cercenadas de tal modo que dejan vislumbrar alguna de sus partes íntimas (glúteos, senos, muslos, ombligo y/o pelvis), comete un pecado mortal y es la mismísima representación del demonio. Corresponderá a esta señorita el castigo divino, por cuanto será la responsable del alborotamiento en el pensar de los hombres. Es preciso aclarar que un hombre que se viera tentado por estas diabólicas visiones del cuerpo femenino en crudo, será perdonado. El hombre que toque, bese, lama, chupe, pellizque, penetre o acuchille dichas carnes, gozará del perdón divino y entrará en el Reino de los Cielos. La mujer que ostente su cuerpo, en cambio, deberá ser excomulgada, ignorada por las vecinas, murmurada por el mercado entero y tratada como una ramera que no merece el más mínimo de los respetos, ni aun como tregua de Navidad, Pascuas, ni Fiesta de la Vendimia. Esta regla no es aplicable a las gordas, cuyo pecado más notorio - la gula - las exime de ser condenadas por lujuriosas.

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