miércoles, 20 de febrero de 2008

Juan Pinocho tiene sexo

Como todas las veces que tiene la oportunidad, Juan Pinocho se desabrocha el cinturón y deja que sus pantalones caigan hasta tocar el borde de sus zapatos. Entonces se sienta, levanta cada pierna y desata los cordones. Acto seguido se quita los zapatos y, con idéntico apuro, desliza el calzón floreado en dirección al suelo. Juan Pinocho queda así en culo y con la camisa puesta, sentado sobre la cama, las medias blancas subidas por los talones.
La dama lo observa, se acerca a él, desabotona cada una de las trabas de la camisa. Comienza un recorrido de besos que descienden por la frente y luego la boca (sin tocar jamás la nariz, que es su único tesoro), que siguen por el cuello y se pierden en donde está enterrado el corazón. La dama baja con sus besos. La dama se mete la verga de Juan Pinocho en la boca. Juan Pinocho jadea, gime, grita, sacude el cuerpo atrás y después adelante.
Cuando considera que es tiempo suficiente, se aleja de la dama y le quita el vestido siguiendo un recorrido que comienza por los hombros y después el contorno de la silueta desnuda; le saca los zapatos, le baja las medias, descuelga la prenda íntima de sus caderas. Inmediatamente la empuja y la dama queda acostada sobre el colchón. Juan Pinocho, entonces, se sube a caballo de la mujer y le clava la verga, le clava la verga, la verga le clava, le clava la verga.
Juan Pinocho cierra los ojos. Ahoga un grito. Exhala.

- ¿Me querés? - pregunta entonces ella, la voz colmada.

Y Juan Pinocho responde que sí, cierra los ojos, enciende las aspas del ventilador.

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