jueves, 17 de enero de 2008

Juan Pinocho

Juan Pinocho despierta temprano en su cama, apaga el despertador, camina a tientas hasta el baño para mirarse los dientes en el espejo. Prepara un café que toma mientras enciende el televisor, ve la temperatura, decide salir con remera.
Llama al ascensor, abre las puertas, sale del edificio. Camina por la vereda bajo el chorro del sol. Transpira. Levanta los pies para no atropellar a un borracho que duerme, avanza a paso cansado, huele el hedor del sorete de un perro.
Una ambulancia le soba los oídos. Un humo negro le sube por la cara. Juan Pinocho tose y sigue camino rumbo a la parada del 71. Espera.
"Buen día", saluda al colectivero al subir. Y Juan Pinocho viaja parado hasta la oficina.

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